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Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia: una reflexión a partir de la experiencia

Garrido, Beatriz (UNT)

Como otros mega congresos, al estilo del ALAS (Sociología) y RAM (Antropología), para citar sólo dos ejemplos muy renombrados en el campo de las ciencias sociales en Latinoamérica, las Jornadas Interescuelas/ Departamentos de Historia, han adquirido, especialmente desde su versión número X, unas dimensiones impensadas años atrás, así como un rasgo marcadamente interdisciplinario, sin dejar de ser –claro está- la Historia el eje organizador y problemático de esta reunión científica.
Es importante referir a las X Jornadas pues en Rosario (2005) fue posible observar un crecimiento notable en relación a las IX realizadas en Córdoba (2003), tanto en los temas y problemas abordados como en la alta concurrencia.
En Tucumán (2007) se llegó a números sorprendentes con 109 mesas y 1300 ponencias; estas cifras mostraron algunos rostros preocupados frente a las dimensiones que adquirieron las jornadas, planteándose en determinados ámbitos discusiones que giran en torno a la calidad de las investigaciones presentadas dentro de un ámbito tan amplio y general como las Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia.
En este punto surge plantear un interrogante, porqué cantidad tiene necesariamente que asociarse a una devaluación de la producción y convertirse en el núcleo de las preocupaciones de la comunidad de historiadores e historiadoras de la Argentina, cuando, en realidad, tendría que ser motivo de satisfacción ser actores copartícipes en el crecimiento y consolidación de la disciplina. Crecimiento y consolidación que se hacen visibles en el contexto de la comunidad universitaria y de la sociedad en su conjunto a través de estas jornadas.
Hay varias discusiones planteadas en relación a las Jornadas Interescuelas de Historia; más allá de que todos y todas las colegas convocadas podamos hacer contribuciones, iniciando un debate crítico que se oriente al fortalecimiento de una organización dinámica, diversa, inclusiva y democrática que mantenga su calidad académica, hay ciertas cuestiones que nos intrigan sobremanera y, es saber si los y las profesionales de otras ciencias sociales se inquietan de manera similar a los historiadores e historiadoras por el crecimiento de sus disciplinas sociales [reflejado en los “mega” eventos] y, si les impacta tanto la numerosa participación de profesionales y estudiantes que presentan los resultados de sus indagaciones en esas reuniones científicas.
Las Jornadas Interescuelas constituyen el encuentro más importante, a nivel nacional, de historiadores y de historiadoras. En este sentido puede decirse también que es un espacio de reafirmación de las universidades nacionales. Por otra parte, la presencia de especialistas de la historia de diferentes espacios, de Latinoamérica, de Europa, de Estados Unidos, de Israel, etc., las validan, las jerarquizan y las legitiman internacionalmente.
Las jornadas constituyen asimismo un ámbito de interacción entre los y las investigadoras y el estudiantado. Para el alumnado de las carreras de Historia de todo el país es esta una experiencia inolvidable que les brinda la posibilidad de interactuar con aquellos/as profesionales a quienes hasta entonces sólo conocen por las referencias bibliográficas. Acordamos con lo expresado por Marcela Ternavasio en cuanto a que “el entusiasmo de los más jóvenes por asistir a la gran “feria de la historia” se expresa también en manifestaciones que parecen reproducir la lógica del mundo artístico: muchos se afanan por fotografiarse con los historiadores más célebres o por conseguir, al menos, un autógrafo de ellos”.
Otro aspecto que emerge es la demanda estudiantil que encuentra un ámbito de expresión en las jornadas. Este espacio de encuentro del estudiantado de las diferentes universidades nacionales es propicio para que intercambien sus experiencias, prácticas y problemas como integrantes de las comunidades educativas universitarias, buscando formas para manifestar sus desacuerdos a muchas de las políticas llevadas adelante en relación a la educación superior en general, y a las carreras de Historia en particular.
Desde las últimas Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia en 2007 a la fecha, se han producido una serie de cambios en su organización tendientes a mantener márgenes previsibles y “manejables” y, se pudieron leer en las distintas redes de profesionales de la Historia en la internet algunas [o muchas] quejas de colegas debido a que sus propuestas de mesas temáticas quedaron excluidas de la programación. La sensación de encorsetamiento y de rigidez apareció de pronto como contrapartida a la “flexibilidad” de las últimas ediciones.
Por supuesto que organizar una reunión científica de estas dimensiones supone una serie de problemas adicionales que no necesariamente se experimentan en un congreso y/o jornada especializada y acotada dado que, a la dinámica propia de toda organización, se suman los imponderables. Sin duda, cuando se manejan números tan elevados la probabilidad de que crezcan los inconvenientes es mayor.
En Tucumán, por ejemplo, las jornadas transitaron en medio de un conflicto del personal no-docente con las autoridades, pues se encontraban llevando adelante una medida de fuerza, un quite de colaboración concretamente. Esto, si bien nos generó múltiples problemas, pudimos seguir con el desarrollo previsto. Podríamos continuar relatando acerca de los obstáculos que se tuvieron que enfrentar, pero no se trata de hacer una crónica de nuestras aflicciones en aquél momento, sino que es necesario tener claridad acerca de la realidad que se asume al tomar la responsabilidad de la organización del “Interescuelas”, contar con el financiamiento adecuado, los apoyos institucionales ineludibles y adelantarse con las soluciones. Esto sería una sugerencia [o aprendizaje] en vista al futuro a partir de la experiencia.
Tal vez nos encontremos en un momento en donde se hace necesario reactualizar los esfuerzos para generar las preguntas que hagan posible aportar ideas que conduzcan a contar con las herramientas para superar los problemas logísticos, para poder brindar apoyos más concretos y efectivos a las sedes organizadoras, para fortalecer la creciente participación, en definitiva para transitar el camino que nos lleve a consolidar estas Jornadas como un desafío de la comunidad de historiadores e historiadoras de la Argentina.