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Usos de la biografía en el siglo XIX. Argentina y Cuba

 

Patricio Fontana ( UBA-CONICET)

En 1853, a propósito de la publicación de Recuerdos de provincia , Juan Bautista Alberdi increpaba a Domingo Faustino Sarmiento en los siguientes términos: “[El suyo] Es el primer ejemplo que se ofrece en nuestro país, tan abundante en hombres notables, de un republicano que publica doscientas páginas y un árbol genealógico para referir su vida, la de todos los individuos de su parentela y hasta de sus criados. San Martín no quería que se tomase su retrato. Rivadavia, Monteagudo, Paso, Alvear y cien héroes argentinos están sin biografía, y la misma república, que es toda gloria y heroicidad, está sin historia”. Más allá de la acusación puntual que Alberdi le realiza, no sin malicia, a Sarmiento, lo que aquí importa de esa cita es que en ella se denuncia la existencia, a mediados del siglo XIX, de un vacío histórico y biográfico que debía ser llenado urgentemente. Era necesario, entonces, que se escribieran las vidas de Rivadavia, Monteagudo, Paso, Alvear. No muchos años antes, el mismo Sarmiento, desde las páginas de un periódico chileno, había denunciado también la existencia de ese vacío.

Lo anterior implica decir que la escritura biográfica fue para Sarmiento y Alberdi una escritura central –necesaria– para las emergentes republicas americanas en el siglo XIX. En efecto, para estos letrados en ella se cifraban al menos dos cuestiones: una primera versión de la historia nacional y, en estrecha relación con esto, los primeros pasos para la formación de un panteón nacional y hasta americano.

Sarmiento, efectivamente, fue desde la década de 1840 un practicante entusiasta –obsesivo– del género biográfico. Entre textos breves y largos, en su larga trayectoria escribió cerca de 60 biografías. De las razones posibles de ese entusiasmo habla el primer artículo de este dossier, “El voluntarismo biográfico”, de Beatriz Sarlo.

La labor de biógrafo de Sarmiento fue, entre otras cosas, fundamental en la constitución de José de San Martín como prócer y “padre de la patria”, tal como lo ha estudiado Martín Kohan en su libro Narrar a San Martín . Pero entre toda su producción biográfica hay tres textos que se destacan especialmente: aquellos que les dedicó a los caudillos José Félix Aldao, Juan Facundo Quiroga y Ángel Vicente El Chacho Peñaloza. Esos textos –y en particular el segundo– parten de la idea de que en determinados individuos –denominados “grandes hombres” u “hombres representativos”– encarna el espíritu de una época; por consiguiente, en la escritura de Sarmiento, la narración de la vida de un individuo implica, casi siempre, la narración no de meros incidentes personales sino de la vida entera de un pueblo –de su “espíritu”– en un momento determinado de su historia. Así, por lo menos, es como Sarmiento aborda el género en la trilogía que dedicó a esos caudillos. Un sagaz análisis del uso del género biográfico en esa trilogía es el que presenta el artículo de Adriana Rodríguez Pérsico “Las instituciones y la guerra en las biografías de la barbarie de Sarmiento”, que también se recopila en este dossier. Por su parte, el tercer artículo es de Cristina Iglesia y se titula “La ley de la frontera. Biografías de pasaje en el Facundo de Sarmiento”. Allí, Iglesia propone una sutil reflexión acerca de algunas biografías insertadas en el Facundo que escapan a la oposición binaria civilización/barbarie.

El cuarto artículo, que me pertenece, analiza pormenorizadamente un texto biográfico que Alberdi publicó en 1876: La vida y los trabajos industriales de William Wheelwright en la América del Sur. En esa biografía, escrita 20 años después de la cita con la que se inicia esta presentación, Alberdi ya no denuncia un vacío biográfico sino algo sensiblemente distinto: la preferencia que la escritura biográfica americana, y en especial argentina, había tenido hasta entonces por la guerra y los guerreros. Con esta biografía de un empresario norteamericano, Alberdi pretendió iniciar el rescate textual de los que denomina “héroes de la paz”; es decir, el rescate de la vida de aquellos hombres que, alejados de la guerra y la política partidaria, hicieron, desde su punto de vista, mucho más por los países en los que desarrollaron sus labores que los guerreros o los políticos más celebrados. De lo que habla ese texto, en definitiva, es de una disputa en torno a los modelos de ciudadano que la biografía ofrecía o podía ofrecer. En efecto, además del valor histórico, desde su emergencia –desde Plutarco– la biografía fue considerada una magitra vitae , un ejemplo de vida. Alberdi disputa, en especial con Sarmiento y con Mitre, sobre los modelos que la escritura biográfica estaba proponiéndoles a los habitantes de las novísimas repúblicas americanas.

El dossier se completa con un artículo de la investigadora Agnes Lugo-Ortiz titulado “Figuraciones del sujeto moderno: biografía, plantación y muerte al albor del siglo XIX cubano” que analiza los comienzos del género biográfico en Cuba a partir del caso que ofrecen cuatro esbozos biográficos escritos por Tomás Romay en la Cuba de fines del silgo XVIII. En este artículo, el lector puede acceder a una reflexión acerca de los comienzos de la biografía en un contexto muy diferente del de la Argentina de mediados del siglo XIX. Este texto, por lo demás, propone el análisis de una diversa entonación de algo que, no obstante, los otros casos considerados en este dossier no dejan de referir: la “funcionalidad social” del texto biográfico; su importancia en la “configuración del sujeto a regir el nuevo ordenamiento social”.

En Recuerdos de provincia Sarmiento escribió: “La biografía es el libro más original que puede dar la América del Sur en nuestra época, y el mejor material que haya de suministrarse a la historia”. Directa o indirectamente, los cinco trabajos recopilados en ese dossier refieren a ese vehemente aserto sarmientino.

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