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El interescuelas: debates y propuestas

Lvovich, Daniel (UNGS-CONICET)

Las Jornadas Interescuelas/ Departamentos de Historia expresan de algún modo el estado del campo historiográfico en Argentina.
Por un lado la amplísima participación que logró convocar este evento en los últimos años, resulta en parte una consecuencia directa del muy notorio crecimiento del numero que aquellos que se dedican profesionalmente a la historia – nos referimos a aquellos que reciben un salario o una beca para dedicarse al estudio, la enseñanza y/o la investigación histórica en instituciones universitarias – fenómeno que en buena medida se explica por la marcada expansión de la oferta de becas en el CONICET y otras instituciones del sistema científico nacional.
Por otro lado, la multiplicación de las ponencias presentadas en las Jornadas Interescuelas (así como en otras reuniones y congresos académicos) resulta en parte una consecuencia de las características de los diversos sistemas de evaluación vigentes en distintas agencias (Universidades Nacionales, sistema de categorización, CONICET, ANPCyT, etc). Ello tiene consecuencias estimulantes, ya que la discusión de resultados de investigación debería tener siempre consecuencias positivas sobre la calidad de los mismos; y otras preocupantes, ya que en no pocas ocasiones se puede constatar la reiteración de la presentación de ponencias idénticas o muy similares en distintas reuniones, así como la presentación pública de trabajos muy iniciales y poco desarrollados, fenómeno que se motiva en una percepción de que las evaluaciones responden a criterios más cuantitativos que cualitativos.
Las Jornadas Interescuelas expresan asimismo otro fenómeno: la extremada fragmentación del campo. No nos referimos a la multiplicación de temas, perspectivas, enfoques y teorías – tan necesaria como bienvenida – sino a la práctica inexistencia de vasos comunicantes entre grupos que, aun cuando compartan sus objetos de investigación, generalmente no logran confluir en espacios comunes, limitando con ello las posibilidades de diálogo, crítica y polémica. Este fenómeno de “tribalización” contrasta con la riqueza de las polémicas que encontraban en las primeras ediciones de las Jornadas Interescuelas uno de sus espacios privilegiados y contribuyeron a tornar a estas reuniones un espacio atractivo.
La masividad no es de ningún modo, ni debería serlo, la causa de los problemas que han generado una compartida sensación de insatisfacción con el rumbo que han tomado las Jornadas Interescuelas. Los organizadores de la próxima versión de las Jornadas han tomado nota de los problemas de calidad y originalidad de los trabajos presentados, y se ha insistido en la necesidad de una evaluación más rigurosa a los coordinadores de mesa, medidas de cuya eficacia (o no) podremos dar cuenta en la reunión de octubre de este año. A nuestro entender el problema fundamental de las Jornadas Interescuelas es que, lejos de estimular y facilitar el intercambio entre perspectivas distintas, ha acentuado el fenómeno de la “tribalización”. Afortunadamente, existen cada vez más ámbitos – reuniones, seminarios, congresos, jornadas – en los que grupos y redes formal o informalmente constituidos tiene ocasiones de deliberar, por lo que las Jornadas Interescuelas podrían ser uno de los pocos ámbitos de intercambio y debate entre distintos grupos. Por otra parte, existe una gran cantidad de historiadores profesionales, profesores de historia y estudiantes que por distintos motivos no participan de grupos constituidos y consolidados, para quienes las Jornadas Interescuelas constituyen unas de las pocas posibilidades de contactarse con los debates más relevantes del campo y someter a crítica sus propios resultados de investigación.
Si no logramos revertir las tendencias hacia una fragmentación empobrecedora, la idea de una reunión bianual de todos los historiadores argentinos pierde sentido, si logramos hacerlo, habremos dado un paso adelante para generar un espacio académico más rico, mas pluralista y más democrático.
Si como señalamos antes la masividad no puede ser el problema principal que obstaculice el futuro desarrollo de las Jornadas, resulta evidente que representa un desafío importante. No hay entre las carreras, áreas o departamentos de historia de las Universidades Nacionales ninguna que pueda afrontar con sus generalmente escasos recursos – y sin sacrificar el normal desarrollo de sus otras actividades – los desafíos logísticos y organizacionales que implican organizar un evento de las dimensiones de las Jornadas.
En 2001, muchos de nosotros participamos en reuniones en las que se proponía la creación de una Asociación de Historiadores, inspirada en organizaciones similares existentes en otros países. La iniciativa no prosperó en ese momento, pero quizás sea tiempo de reflotarla.
Una Asociación de Historiadores que cuente con recursos y personal propios podría encargarse con más posibilidades de éxito de la organización de reuniones periódicas que conjuguen masividad, calidad, originalidad y debate. Una Asociación de esa naturaleza permitiría además incorporar a las tareas organizativas e instancias de decisión a los historiadores que desarrollan sus actividades en ámbitos distintos a los de las Universidades Nacionales (Investigadores del sistema científico, fundaciones, centros de investigación, institutos terciarios, etc.).
Por supuesto, no sería esta la única finalidad de una Asociación de Historiadores, cuyo objetivo principal debería ser la defensa de nuestros intereses corporativos (usamos la palabra ex profeso, y con toda la carga particularista que implica). Así, si difícilmente una organización de esa naturaleza podría expedirse unánimemente sobre – por ejemplo – las políticas estatales de la memoria, debería poder intervenir como una representación colectiva sobre áreas de interés común. Una rápida enumeración de esos temas incluye sin dudas la intervención pública sobre la enseñanza de la historia en los distintos niveles educativos, la ocupación de los puestos de enseñanza de la disciplina en el nivel medio, la demanda de una Ley de Archivos, el pronunciamiento sobre las políticas archivistitas estatales y el estado de los repositorios documentales.
En síntesis, consideramos que la puesta en debate de los problemas de las Jornadas Interescuelas constituye una oportunidad para un relanzamiento, generando unas estructuras que permitan asumir la gran convocatoria de estas reuniones, a la vez que garantizando la excelencia académica y las posibilidades para el debate y la polémica.