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Los movimientos sociales durante el kirchnerismo

 

Martín Retamozo (IdIHCS- UNLP/CONICET) y Rocío Di Bastiano (IdIHCS – UNLP )

 

La relación de los movimientos sociales y el gobierno nacional ha sido uno de los temas de mayor controversia entre los intelectuales, académicos y activistas políticos. Esta atención es relevante no sólo por conceptualizar o caracterizar la dinámica de los actores colectivos sino que implica una puerta de entrada a las transformaciones en el campo político argentino desde 2003, su morfología, alcances y limitaciones. El interés por los movimientos sociales, además, no obedece sólo a una preocupación académica ligada a las preguntas sociológicas por la acción colectiva, las identidades políticas o la movilización social, sino que son parte de una concepción sobre los modos de intervención en la historia de los sectores populares, sus formas de construir poder y disputar o resistir la configuración del orden social. Las controversias sobre la relación del gobierno y los movimientos sociales también son deudoras de los debates en torno a la caracterización (y evaluación) del kirchnerismo como proceso político.

En este contexto, para comprender este vínculo del kirchnerismo con los movimientos sociales se debe atender, al menos, a tres cuestiones. La primera, en cuanto a la necesidad de ejercer el gobierno sobre un robusto y a la vez heterogéneo campo movilizado, producto de las resistencias al neoliberalismo en los años noventa y de la experiencia del 2001. La segunda, en lo referido a la intención de representar a buena parte de esas demandas movilizadas hacia el sistema político. Y la tercera, lo que atañe al contexto del giro a la izquierda en América Latina, representado por los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador – a los que se suma Argentina- que eran tomados como síntomas de un cambio de época y que fueron antecedidos por distintas formas de protesta y movilización social.

El dossier reúne trabajos de investigadores que aportan a la comprensión de diferentes aristas del proceso político en la Argentina reciente. El primer trabajo “Movimientos sociales, política y hegemonía en Argentina” de Martín Retamozo ofrece un panorama introductorio de la relación entre los movimientos sociales y el kirchnerismo que recupera una agenda de problemas de investigación resultante de la interacción entre colectivos movilizados y las políticas del gobierno nacional encabezado por Néstor Kirchner primero y por Cristina Fernández de Kirchner después.

La reposición del Estado como “mito redentor” pero también como actor político es, indudablemente, una de las características del período. Luisina Perelmitter en “Fronteras inestables y eficaces. El ingreso de organizaciones de desocupados a la burocracia asistencial del Estado. Argentina (2003-2008)” ofrece, desde una perspectiva etnográfica, un preciso análisis de la incorporación de militantes de los movimientos sociales “piqueteros” a las reparticiones estatales y las tensiones generadas por la doble inscripción de militantes de base y funcionarios gubernamentales. El trabajo ilumina uno de los aspectos novedosos de los movimientos sociales y el kirchnerismo producido por la designación de cuadros provenientes de las organizaciones sociales que se habían formado en el campo de la protesta y que, bajo las nuevas condiciones, ocuparon cargos de gestión. Esta situación inédita, caracterizada como una forma de “militar el Estado”, produjo una división al interior del campo movilizado –entre los movimientos piqueteros pero también de derechos humanos, por ejemplo- y afectó la dinámica de la movilización social que ya no se agotó en la protesta sino que incorporó acciones de respaldo motorizadas por las organizaciones afines al oficialismo.

Esta situación alteró, por un lado, lo que en su artículo Ana Natalucci y Germán Pérez llaman “gramáticas políticas”. La intervención del kirchnerismo y la consolidación (y creación) de organizaciones que lo apoyaron tuvieron como contrapartida la estructuración inestable de un campo movilizado opositor. La identificación de tres tipos de gramáticas: movimientista, clasista y autonomista permite a los autores reconocer los modos de movilización presentes en la dinámica política argentina, tanto las identificadas con el kirchnerismo como las organizaciones críticas de la gestión.

La consolidación de organizaciones afines o aliadas al gobierno que habían sido protagonistas de las luchas contra el neoliberalismo de los años noventa es otra de las novedades de la etapa. Mauricio Schuttenberg en “La reconfiguración de las identidades ‘nacional populares’: Los puentes discursivos para la inserción de tres tradiciones políticas en el espacio ‘transversal kirchnerista’” analiza la compleja operación político-discursiva que permitió al MTD Evita, a Libres del Sur y el Movimiento de Unidad Popular realizar el paso del campo de la protesta social a la articulación con el gobierno nacional. Schuttenberg, al igual que Pérez y Natalucci, destacan la capacidad que tuvo el kirchnerismo de interpelar espacios culturales sedimentados de la tradición nacional-popular presentes en disímiles colectivos movilizados.

Además de esta influencia sobre organizaciones inscriptas en la matriz nacional-popular al activar elementos plebeyos del peronismo, es relevante la intervención sobre el campo de los derechos humanos. Varios autores sostienen que otra de las novedades del kirchnerismo es la inclusión en un lugar central de la agenda del peronismo a la defensa de los derechos humanos, en especial en referencia a los crímenes cometidos por la última dictadura cívico-militar. La progresiva cercanía de organismos de derechos humanos como las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, y sus referentes emblemáticas, impactó no sólo en el campo de los derechos humanos sino en todo el arco movilizado dada la centralidad simbólica que tuvo (y tiene) la lucha de las abuelas, las madres y, luego, los hijos de desaparecidos. El artículo de Enrique Romanin que incluimos en el dossier enfoca específicamente su atención en el estudio de la compleja y paradigmática relación entre las Madres de Plaza de Mayo y el gobierno peronista de Néstor Kirchner.

El kirchnerismo intentó representar muchas de las demandas sociales arrojadas al espacio público en los años noventa. Sin embargo, como todo gobierno, ha sido selectivo con la inclusión de demandas en atención a su voluntad política y la consistencia del modelo de acumulación político y económico. En este contexto, las demandas socioambientales ligadas a la expansión de la frontera sojera y, especialmente, la minería a cielo abierto constituyen un punto de cuestionamiento al proyecto político nacional y sus aliados provinciales. El trabajo de Maristella Svampa y Marian Solá Alvarez analizan las resistencias sociales a la minería emprendidas en localidades afectadas por esta práctica en un contexto de articulación del Estado nacional con empresas trasnacionales y gobiernos locales. La conformación de una red de movimientos socioambientales con capacidad de presión al sistema político y a las empresas es también un aspecto a considerar en el ciclo que pretendemos cubrir y permite abordar tanto la dinámica de la movilización como aspectos constitutivos del orden social en diferentes escalas.

El estudio de Melina Vázquez y Pablo Vommaro que incluimos analiza uno de los actores socio-políticos más destacados del kirchnerismo tardío: la juventud. Si bien es cierto que el protagonismo juvenil ha sido una constante de la política argentina, también lo es que durante el kirchnerismo asumió una fisonomía particular. El trabajo de Vázquez y Vommaro se centra en el estudio de “La Cámpora”, la organización juvenil del kirchnerismo por antonomasia, y explora las representaciones que performan la identidad política y los modos de hacer de la militancia de este espacio.

El dossier cierra con un texto de Virginia Manzano que ilumina dos aspectos que nos parece importante incluir: las prácticas de gestión comunitaria y organización territorial que registran transformaciones en el período y la localización en el llamado “interior” del país. El trabajo de Manzano, que dialoga con sus propias contribuciones sobre organizaciones de desocupados en el Conurbano Bonaerense, muestra como la Organización Barrial Túpac Amaru se transforma en un espacio de articulación de lógicas políticas y dinámicas de sociabilidad que incluyen a las políticas públicas, las formas estatales, la producción de bienes y su distribución, así como también procesos colectivos e identitarios. La inclusión del texto es, además, una forma de nombrar a Milagro Sala, referente de esa organización, detenida desde enero de 2016 y cuya liberación es exigida por movimientos sociales, asociaciones de derechos humanos y organismos internacionales.

Textos seleccionados para el dossier