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La guerra de 1898 y los intelectuales latinoamericanos: posiciones divergentes, resignificaciones y nuevas líneas de pensamiento

 

Carolina López (Universidad Nacional del Sur -CEINA)

 

Para 1898 comenzó en Cuba la última etapa de su lucha para lograr la independencia de España, sin embargo el ingreso de Estados Unidos resignificó la causa cubana y transformó a la guerra en un conflicto histórico –ideológico (Biagini, Lucha de Ideas en Nuestra América , 2000: 7). Desde una perspectiva continental, la guerra hispano-cubana-norteamericana representó el fin del Imperio español en América, al tiempo que formalizó la presencia de Estados Unidos como la nueva potencia hegemónica sobre el Caribe, que intentó crecer desalojando otras formas perimidas de dominación. Analizado de esta manera, el ‘98 cubano se convirtió en un hecho emblemático para América, señalando la instalación de un neo-imperialismo.
El eje del conflicto, que giró en torno a la dominación, la independencia y la participación de las fuerzas en pugna que confluyeron en la Isla, provocó el desarrollo de opiniones y acciones heterogéneas en los países hispanoamericanos, que variaron de acuerdo a las facetas desde las cuales la realidad cubana fue observada y analizada. En el presente dossier nos ocuparemos del correlato que tuvo este conflicto en el espacio intelectual, cuya producción discursiva determinó el surgimiento de distintas vertientes de pensamiento, que tuvieron como nodo central del debate el rol desempeñado por los Estados Unidos en América, la valorización de España y su legado para las repúblicas hispanoamericanas; y la redefinición de la identidad continental a partir de categorías que se relacionan entre sí de manera constante: los patrones identitarios propios y la visión del otro, evaluados en sentido positivo o negativo.
Desde 1898 y en adelante, las definiciones de una identidad común para las repúblicas hispanoamericanas convergieron en la necesidad de abandonar el espíritu de imitación de modelos foráneos, predominante durante el siglo XIX, y reconciliarse definitivamente con aquellos elementos que por naturaleza y tradición eran propios. En consecuencia, el ’98 cubano se convirtió en un hecho disparador y catalizador de un espacio de ideas divergentes, inmerso en un contexto en que se presentaba como necesaria una nueva construcción identitaria que permitiera enfrentar los desafíos del nuevo siglo.
Finalizando el siglo XX, en los años cercanos al centenario de la guerra de 1898, se registró un notable aumento en el interés de los investigadores por profundizar el análisis del conflicto y sus múltiples dimensiones. Desde entonces, comenzaron a desarrollarse importantes estudios representativos del nuevo debate en torno a este hecho complejo. En algunos casos, las investigaciones se concentraron en las características del marco internacional en el que tuvo lugar la confrontación; en otros, las perspectivas historiográficas adquirieron un encuadre nacional, focalizando la mirada en los países protagonistas de la guerra o en los países que analizaron y evaluaron el conflicto como un hecho exógeno pero cercano a la vez.
Considerando que el caso cubano es un punto de inflexión ubicado en la encrucijada de dos colonialismos en pugna, el objetivo del presente dossier es rescatar y analizar las distintas vertientes de pensamiento que surgen, se diversifican y resignifican en nuestro continente a partir de la guerra de 1898. De esta manera, los trabajos seleccionados constituyen un muestreo representativo de las múltiples lecturas que los intelectuales latinoamericanos realizaron en torno al ´98.
El primer artículo, de Elena Torre, se ubica temporalmente en las etapas previas a la guerra de 1898 y concentra su análisis en la vertiente económica del pensamiento de José Martí, sobre la cual se estructura su doctrina antiimperialista, así como los principios de afirmación de autonomía y emancipación continental. Martí exploró, desde “la observación práctica”, las condiciones históricas de su época, a partir de las cuales pudo definir las variables que operaron en la consolidación del capitalismo mercantil en los países hispanoamericanos y la posterior transformación de esa fase del sistema en un capitalismo monopólico financiero, en el caso de Estados Unidos. La autora destaca como acontecimientos claves en la experiencia martiana su actuación de corresponsal en la Primera Conferencia Internacional de Washington en 1889, durante la cual reveló y denunció los intereses neocolonialistas de la política hemisférica estadounidense. El artículo concluye señalando que las previsiones de Martí en torno a una inminente escalada imperialista norteamericana sobre el continente y, por defecto, los peligros de subordinarse a un panamericanismo hegemónico y hegemonizante, constituyen puntos de fuga de una realidad que fatalmente se cristalizó en nuestra América.
El texto de Ignacio García explora las vinculaciones que Rubén Darío y Francisco Grandmontagne tuvieron con el desarrollo de dos corrientes de opinión: las hispanistas de nuevo tipo, que surgieron en América tras el ’98 cubano y las americanistas vinculadas al regeneracionismo, que aparecieron poco después en España. El autor reconstruye en su artículo la importante acción desarrollada por la colonia de inmigrantes españoles en el Plata, quienes nucleados en la Asociación Patriótica Española, alentaron a aquellos intelectuales que, en el contexto bélico, pudieron vislumbrar la figura de un Estados Unidos agresor frente a una España arrastrada a la guerra para defender su soberanía. De esta manera, el accionar mediador de la Patriótica, de Darío y de Grandmontagne, colaboró en la redefinición del hispanismo y del americanismo, permitiendo restablecer el diálogo entre la intelectualidad a ambos lados del Atlántico, y aportando así un elemento más a ese vuelco ideológico que se produjo en Iberoamérica al comenzar el siglo XX.
Los textos de Rodrigo González Natale y Paula Bruno analizan la intersección entre la trayectoria personal y la producción discursiva de dos de intelectuales que, en Argentina, manifestaron su posición ideológica con respecto a España, Estados Unidos y Cuba. El trabajo de González Natale focaliza su mirada en la posición antiimperialista e hispanoamericanita adoptada por Roque Sáenz Peña, en los años anteriores y durante el transcurso de la guerra del ´98. Sáenz Peña conjuga en su discurso las razones de orden pragmático, inherentes a las necesidades de un país en pleno proceso de desarrollo, con la construcción de un ideal de unidad latinoamericana a partir de una visión hispanista de raza, como estrategia real para confrontar el avance imperialista de los Estados Unidos en el Caribe.
Por su parte, el texto de Paula Bruno analiza el discurso de Paul Groussac, quien interpretó a la guerra de 1898 como una auténtica contienda civilizatoria, fundada en una filosofía de la historia apocalíptica y dicotómica. A partir del ´98, España se transformó en la “señora de la latinidad”, cuyos altos valores morales debían ser defendidos frente al avance del Calibán yankee, representante de la barbarie vulgarizadora en el mundo y generador de los efectos más detestables de la masificación. El mamut y el hidalgo son las figuras alegóricas que utilizó el intelectual para sintetizar este enfrentamiento de dos modelos civilizatorios.
El artículo de mi autoría tiene como objetivo analizar los discursos de un grupo de intelectuales argentinos –Roque Sáenz Peña, Paul Groussac, Martín García Mérou y Carlos María Urien- quienes manifestaron distintas opiniones en relación a la historia de Cuba como colonia española, los motivos que impulsaron la independencia y el trayecto recorrido por el pueblo cubano en su lucha libertaria. Del grupo intelectual analizado es Carlos María Urien quien justificó la lucha del pueblo cubano al considerar que perseguían la concreción de un ideal genuino y supremo, la independencia, a la vez acto redentor y superador de colonialismos pretéritos. Sin embargo, en el resto de los discursos se observa cómo la importancia y centralidad de la causa cubana se fue diluyendo a medida que los intelectuales concentraron su interés en justificar o denunciar las acciones desplegadas por España y Estados Unidos en la Isla.
Finalmente, cierra este dossier el artículo de Martín Bergel, quien explora el estrecho vínculo que existió en América Latina entre las posturas antiimperialistas y antiyanquis, señalando a la guerra de 1898 como el hecho disparador que dio consistencia y visibilidad a esta corriente de opinión. Hacia atrás, con la Primera Conferencia Paname¬ricana de Washington en 1889; hacia adelante con la posición de intelectuales como José Rodó, Francisco García Calderón, Manuel Ugarte y José Vasconcelos; y con el surgimiento, en la década de 1920, de numerosas entidades intelec¬tuales y políticas, se logró que el antiimperialismo-antiyan¬qui se hallara profusamente extendi¬do en América Latina. Sin embargo, el autor señala el inicio, hacia los años ´20, de una nueva posición a la que denomina anti-antinorteamericanismo. Esta nueva alternativa a la retórica antiimperialista, en la que participaron intelectuales de las dos Américas, tuvo como objetivo construir puentes de comunicación que posibilitaron atenuar el encono antinorteamericano en ese periodo. Ahondar en su estudio y reconstruir su devenir histórico permitiría, según Bergel, encontrar un anclaje para el reinicio del diálogo entre las fuerzas democráticas latinoame¬ricanas y norteamericanas, acaso un modo más efectivo de enfrentar real¬mente el fenómeno imperialista en el siglo XXI.

 
Referencias de los textos