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El interescuelas: debates y propuestas

Vidal, Gardenia (UNC)

Como se sabe, las Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia se iniciaron a fines de la década del ochenta con el objetivo de comenzar a socializar y discutir las investigaciones que se estaban realizando en Historia, particularmente, desde fines de la dictadura. El número de estos trabajos había aumentado considerablemente desde entonces gracias a becas de CONICET, a espacios ocupados en las universidades por profesores marginados durante esos años oscuros, como también por la aparición de nuevos estudiantes interesados en la disciplina. Estas reuniones, irregulares en un comienzo, surgieron entonces como un espacio muy atractivo de reunión, discusión y formación que, indudablemente, inyectaba una savia nueva a una disciplina que había sido herida brutalmente por los militares.
Los organizadores desplegaron una forma de acción muy eficiente, y las reuniones continuaron con una frecuencia bianual. El número de asistentes, expositores, coordinadores de mesas temáticas etc. se fue incrementando notablemente a tal punto que, en los últimos encuentros, las ponencias presentadas alcanzaron o sobrepasaron la cantidad de 1000. Para este año, en que el Congreso se realizará en Bariloche, se han propuesto 85 mesas en base a 12 ejes centrales, lo cual significa (con un cálculo promedio de 12 trabajos por mesa) la presentación otra vez de algo más de 1000 exposiciones. Las Jornadas continúan siendo multitudinarias, con un nivel de participantes activos y asistentes cada vez más alto a pesar de los cambios introducidos y la intención de los organizadores de limitar la expansión fenomenal de las ponencias incorporando nuevos requisitos.
Cierto es que encuentros de esta magnitud permiten una discusión académica escasamente enriquecedora de los temas propuestos; los tiempos deben respetarse rigurosamente para permitir la exposición de “la síntesis correspondiente” a cada participante porque está establecido que “la mesa” ceda el espacio a otro grupo, en un plazo determinado de antemano. Además, la agrupación de trabajos por temas específicos, se hace cada vez más rigurosa.
En realidad, estos mega eventos, usuales en diferentes actividades y diferentes lugares del mundo, se caracterizan por esta masividad que, a veces, dificulta no solo un debate profundo sino que permite la incorporación de trabajos de irregular nivel académico. Pensemos en el encuentro de Americanistas realizado recientemente en México DC o en los congresos de LASA. Es cierto que, en estos casos, no se trata solo de presentaciones de Historia. No obstante, el tamaño alcanzado por el Interescuelas lo hace perfectamente asimilable a esos eventos.
Es probable que los objetivos de muchos de los participantes no pasen por la necesidad de discutir sus resultados de investigación (cosa que hacen en núcleos más reducidos y, también, con sus alumnos en los seminarios) en estos encuentros masivos, sino que se conviertan en un lugar de sociabilidad y, seguramente, de recreo para establecer un paréntesis en la cantidad, a veces abrumadora, de actividades que se desarrollan durante el año.
Esta dinámica, seguramente, dificulta el intercambio de ideas entre diferentes grupos y diferentes temáticas, pero facilita el establecimiento de vínculos con gente cuyo acercamiento sería improbable de otra manera. Asimismo, se favorece la reunión de grupos preexistentes dispersos por el país y la iniciación o mantenimiento de posibles redes de trabajo. Además, y como ocurre ya desde hace varios años, numerosos estudiantes de Historia de universidades de todo el país arriban con objetivos diversos: un interés decidido por la Historia como elección de vida laboral, una experiencia colectiva de recreación, la continuidad de una militancia activa allí donde se reúne un conglomerado importante de estudiantes nacionales, etc.
Si bien parece difícil – y tampoco sé si conveniente- reducir esta enorme cantidad de presentaciones en función de debates académicos que, de todos modos, se pueden llevar a la práctica en otros ámbitos, lo cierto es que el Interescuelas se ha convertido en un lugar plural por la participación de profesores reconocidos, profesores recientemente ingresados al sistema universitario, becarios, estudiantes, etc. Este lugar plural es el que se debe mantener, consolidar y, sobre todo, preservar para que no sea invadido por la intolerancia.
Más allá de la ilusión y la intención de muchos argentinos desde finales de 1983 por contribuir a la conformación de una cultura política democrática y por ende tolerante, nos encontramos, lamentablemente, en una situación donde las características básicas del autoritarismo cultural de los argentinos siguen vigentes. Las presiones laborales a las que nos vemos enfrentados cotidianamente, la política universitaria y sus dificultades, la escasez de debates serios (a pesar del uso hiperbólico de esta palabra), todo ello enmarcado en un contexto político y social que hace del diálogo y la discusión una mera retórica, nos enfrenta a niveles de intolerancia preocupantes para la vida del país y, por supuesto, de la universidad. En ese sentido, creo que el Interescuelas debe continuar funcionando como un espacio en el que el eslogan fundamental sea “por el debate y el respeto de ideas diferentes”, como se lo propuso desde siempre.
Acontecimientos ocurridos en el encuentro de Córdoba en 2003 y los de Rosario 2005 donde se manifestaron acciones de marcada intolerancia hacia directores de escuela /departamentos reunidos para establecer las pautas organizativas de las siguientes jornadas en el primer caso y fuertes agravios a algunos investigadores en el segundo, nos deben hacer reflexionar sobre el papel principalísimo que la Universidad está obligada a ocupar en la construcción de la tolerancia como factor imprescindible de la vida en libertad. Esos hechos hacen referencia a acontecimientos concretos en el seno del Interescuelas lo cual indica que tampoco este encuentro de estudiosos queda exento de la intemperancia que se extiende por toda la sociedad y que afecta a diferentes sectores por diversos motivos.
Los cambios se producen como consecuencia de un entramado muy complejo de acciones, vínculos, avances y retrocesos difíciles de observar a simple vista más allá de resultados globales que debemos estudiar analíticamente para acercarnos al proceso de producción; sin embargo, la voluntad de cambio es trascendental para que este se origine. ¿Qué otro factor más apropiado que el trabajo comprometido de los integrantes de la comunidad universitaria para lograr esa meta? La intolerancia coarta la libertad básica, favorece el clientelismo y las relaciones demagógicas y opaca la razón, atributo esencial del intelecto para producir conocimiento. El autoritarismo, abierto o solapado, incrementa no solo la censura sino, lo que es mucho peor, la autocensura y estas situaciones, como sabemos, conducen a un país de oprimidos y dóciles intelectuales en donde las ventajas personales se imponen sobre las institucionales. De este modo, es difícil crear una sociedad semejante a la que aspirábamos hace 25 años, cuando otra posibilidad de construcción política vital aparecía ante nosotros. Probablemente, nuestra cultura política es tan autoritaria que trabajar con un objetivo de esta naturaleza aparezca como inalcanzable y, por ende, utópico. Pues trabajemos nuevamente por las utopías aunque estas hayan cambiado sustancialmente porque creo que la mayoría de la comunidad universitaria acuerda con la necesidad de terminar con la intolerancia naturalizada desde hace décadas.
Estoy convencida de que la Universidad puede ser uno de los lugares donde se comience a debatir seriamente todos los temas que surjan como relevantes: académicos, políticos, ecológicos, internacionales, etc. Continuar sin debates en la cátedra, en la gestión, en la universidad, porque puede significar conflicto a corto o mediano plazo y, por ende, mermar la “popularidad” es de mediocres.
Como docentes y como comunidad educativa estamos obligados a trabajar por el avance del conocimiento y la puesta en práctica de una convivencia inclusiva que nos asegure la libertad de pensamiento y la elaboración de ideas en base al debate, la discusión, el consenso y el disenso, garantizado todo ello por un estricto marco de tolerancia. En consideración a esta profunda preocupación es que propongo que el Interescuelas reafirme, entre sus finalidades fundamentales, el trabajo conjunto por la seriedad académica de la investigación histórica y el respeto a la pluralidad de opiniones.