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Mujeres, trabajo y profesionalización

 

Karina Inés Ramacciotti Investigadora Independiente del IIEGE/ FFyL- UBA/CONICET, Profesora de Historia Social en la Universidad Nacional de Quilmes

 

La propuesta de este dossier es dar a conocer trabajos que se han esforzado en comprender cómo las mujeres se insertaron en el mercado laboral y más particularmente como enfrentaron las trabas impuestas por el sistema educativo formal e informal. Los estereotipos del pensamiento binario de género influyeron para que ellas tuvieran el camino más liberado para aquellas actividades que se asociaran a la extensión de los roles domésticos y de cuidado. La enfermería, la partería, la terapia ocupacional, la secretaría como se verá e este dossier, se constituyeron en ocupaciones feminizadas. Si bien muchas de estas profesiones estuvieron subordinadas a la jerarquía de los saberes médicos; esta subordinación no es lineal y debe ser estudiada para cada caso en particular.

Los procesos de profesionalización de la medicina en la Argentina presentan interesantes aportes sobre cómo los médicos se constituyeron como grupo socioprofesional en interlocución con otros actores estatales y societales. Así, cuenta con investigaciones la formación de trayectorias académicas, la conformación de instancias de legitimación y los procesos por medio del cual las poblaciones destinatarias fueron reconociendo, no libres de resistencias y dudas, sus saberes y prácticas. No obstante, los trabajos son más incipientes en el estudio de las relaciones entre los grupos más encumbrados de una determinada profesión, respecto de otros actores sociales que ocupan transitoriamente lugares subordinados. En otras palabras, este dossier aportará al estudio de las relaciones desiguales de poder entre diferentes profesiones y cómo éstas se perpetúan o intentan trastocar los mecanismos de autoridad.

Es difícil alcanzar una definición consensuada acerca de qué es una profesión o bien qué debe entenderse por procesos de profesionalización o por configuraciones profesionales. Así pues, dentro del campo de la sociología de las profesiones perdura la discusión en torno a si la enfermería debe ser catalogada como tal o como una ocupación “paramédica”. Quienes sostienen la segunda postura consideran que la enfermería no pudo acumular y usar sus conocimientos bajo sus propios estándares y tampoco puede estar sin el control de actores externos ya que actúa bajo la tutela y la supervisión del médico. En cierta medida, esta conceptualización teórica retoma las ideas del pensamiento médico de la época ya que fueron numerosas las voces que aspiraron a concentrar los conocimientos y las técnicas de curación en las manos de los médicos para evitar que estos saberes circularan entre los llamados “enfermeros adoctorados”, “flebótomos”, masajistas y todo aquel que se considerara “auxiliar”. Si bien se reconocía que eran personas importantes para asistir la práctica médica, existían muchas dudas en torno a cómo ceder atribuciones y responsabilidades sin perder terreno. Hasta dónde intervenía el médico y hasta dónde se inmiscuía el personal auxiliar fue objeto de arduas discusiones en las cuales se dirimieron las propias identidades profesionales, las atribuciones y los espacios de injerencia profesional.

Es necesario reconstruir la participación femenina en las profesiones y estudiar cómo se constituyeron tanto los eslabones de subordinación como los de resistencia dentro de la jerarquía médica. Estas profesiones demarcan un territorio de decisiones y de acciones que no responde solamente a los poderes delegados por los médicos y por las autoridades estatales. Si bien la relación jerárquica con el poder médico estuvo y está presente, es interesante estudiar los espacios de autonomía y los grados de libertad ligados a los cuidados de los pacientes tanto en el interior de los hospitales cómo fuera de ellos. La subordinación ha sido un tema secundario entre los cientistas sociales. No obstante, esa cualidad muestra cómo la diferencia sexual dio lugar a la división patriarcal del trabajo, no sólo en el hogar conyugal entre esposa y esposo sino en los puestos de trabajo de la sociedad civil. El análisis de la profesionalización de ocupaciones feminizadas resulta un desafío para estudiar cómo la dominación sexual estructura los lugares de trabajo y el hogar conyugal. El establecimiento del control, la autonomía y el límite de muchas profesiones respecto de la medicina y otras ocupaciones y profesiones afines es un inacabado proceso histórico que se hace necesario desmenuzar para librar a las profesiones ligadas al cuidado de la pesada carga de la subalternidad y la jerarquía y analizarlas como actividades que demandan energía, tiempo, recursos financieros y en la que intervienen saberes, redes sociales, tecnologías y tareas específicas.
Este dossier se abre con el trabajo de María Pozzio quien realiza un exhaustivo estado de la cuestión sobre los aportes de la sociología de las profesiones e incorpora la mirada de género a los procesos de profesionalización. Luego, el trabajo de Graciela Queirolo examina como el sistema educativo no llegaba a preparar la suficiente cantidad de personal especializado en saberes administrativos. Entonces la red de educación informal fue la que satisfizo dicho demanda bajo una modalidad de enseñanza que era compatible con los tiempos y las posibilidades presupuestarias de las clases trabajadoras. Así, las actividades del secretariado se feminizaron debido, en gran medida, a los menores costos salariales que poseía la mano de obra femenina.

Las propuestas de Ana Laura Martin, Adriana Valobra y Karina Ramacciotti se centran en el proceso de inserción de las mujeres en el área de la enfermería. En el ámbito sanitario los relatos centrados en las llamadas grandes figuras, muchas veces denominados pioneros, oculta a quienes tuvieron un papel destacado en el surgimiento y en la consolidación del sistema sanitario. Enfermeras, visitadoras, parteras, salubristas, entre otras profesiones, merecen un estudio profundo y detallado que entrelace sus características laborales particulares ligadas al cuidado de los otros/otras con las afectivas. El cuidado es un trabajo que, como todos, implica tiempo, conocimientos y relaciones sociales complejas. Su especificidad es la de estar basado en lo relacional y su carácter, a la vez obligatorio y desinteresado le otorga una dimensión moral y emocional que está marcado por la relación de servicio y asistencia. Los textos aquí reunidos ponen en tensión la tradicional noción de curar asociada a la relación entre quien se enferma y el médico. La existencia de esta esperanza se funda sobre la presunción del poder de curar y del conocimiento del segundo sobre el primero. En esta relación jerárquica y dualizada se han perdido los múltiples relatos, en los que otros actores intervinieron en las diferentes formas de sanar.

Cierran este dossier las propuestas de Daniela Testa, quien analiza la constitución de las terapistas ocupacionales en la Argentina y recupera en el análisis del proceso de profesionalización el contexto provocado por la epidemia de poliomielitis de 1956 y la influencia de las concepciones de género. Por su parte María Fernanda Lorenzo examina la inserción de las mujeres en la medicina. A diferencia de las enfermeras, terapistas ocupacionales y secretarias; las médicas, en el caso argentino, encontraron escollos tanto para su aceptación como estudiantes, su permanencia, las especialidades que le estuvieron reservadas y su acceso a la docencia universitaria. Las primeras mujeres que se graduaron, no sólo fueron una novedad en el ámbito académico sino también en el ámbito laboral-profesional, ya que la sociedad de la época consideraba que el mundo doméstico y su asociación con la maternidad era el más adecuado para las mujeres.

 

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