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Peronismo y dictaduras. Lecturas desde Córdoba.

Coordinado por Martha Philp (CEA- UNC)

Los siete trabajos que integran este dossier fueron publicados en un volumen coordinado por César Tcach, titulado Córdoba bicentenaria: claves de su historia contemporánea , editado por el CEA y la editorial de la UNC en el año 2010. Como plantea el coordinador del texto: “el libro no se suma al coro de voces festivas que saturan el Bicentenario de la Revolución de Mayo. No añade más tinta al panegírico ni constituye un elogio de nuestra propia historia. Pensar Córdoba en el bicentenario es más bien una ocasión propicia para acercarnos al modo en que su identidad fue construida, formulada y reformulada por los distintos actores políticos y sociales. En otras palabras, supone afrontar los mitos y realidades que configuraron su identidad y la redefinieron a lo largo del siglo XX” (Tcach, César, 2010: 7).
Los textos proponen interpretaciones de la historia de Córdoba a lo largo del siglo XX, escenario del accionar de los distintos gobiernos peronistas y las dictaduras que comenzaron en 1966 y 1976, desde una clave de lectura centrada en la historia política concebida como historia de las relaciones de poder. Estas miradas de la historia cordobesa aspiran a problematizar una oposición tan instalada: historias locales/regionales e historia nacional y en su lugar proponen leer la historia argentina desde un lugar específico, Córdoba, lo que implica rescatar el aporte de otras fuentes/documentos: escritos, orales, audiovisuales.
El trabajo de César Tcach y Marta Philp, “Estado y Partido Peronista en Córdoba. Una interpretación” se centra en dos de los problemas claves del primer peronismo: la concentración geográfica de la autoridad en el poder central y la concentración funcional de la autoridad en el liderazgo de Perón, aspectos estrechamente relacionados con el tipo de prácticas clientelares que permeabilizaron las relaciones entre el Estado, la sociedad y la organización partidaria.
El texto de Emilse Pons, “El fracaso del proyecto autoritario en Córdoba y la eclosión de la movilización popular (1966-1973)” propone un análisis de la política provincial cordobesa entre 1966-1973 desde la perspectiva de las relaciones entre el gobierno y la oposición. Indaga en torno a la programación y el tendido de una red de medidas autoritarias y represivas en el orden provincial destinadas a eliminar el pluralismo político- ideológico y la movilización social; por otro lado, analiza la reacción de los distintos actores sociales, en especial las organizaciones gremiales, estudiantiles e incipientes agrupaciones políticas radicalizadas.
Leandro Inchauspe en su trabajo “La lógica de la guerra interna en las primeras etapas de la Revolución Argentina (1966-1970)” da cuenta de la etapa de génesis de la conformación de una cultura política caracterizada por el principio de la guerra interna y la negación del adversario, que supondrá el despliegue de estrategias políticas militarizadas y un gran incremento de la violencia política. Sostiene al respecto que las acciones y discursos desplegados desde el poder político cumplieron un papel fundamental en sentar las bases de esta modalidad de construcción política, abriendo la puerta a un proceso no lineal pero constante de incremento de la violencia, que llegará a su clímax con el Terrorismo de Estado de la segunda mitad de los setenta.
Alicia Servetto, en “Tensiones y contradicciones del tercer gobierno peronista en Córdoba (1973-1976)”, analiza como el retorno del peronismo implicó la apertura de un proceso complejo, marcado por aceleración del tiempo político y jaqueado por los conflictos, en muchos casos, como resultado del enfrentamiento intraperonista. La metáfora organicista, Córdoba como “un foco de infección”, utilizada por Perón con atenta y consciente recurrencia, funcionó como marco habilitador para eliminar el disenso, por intermedio de la fuerza, en una de las provincias más movilizadas y politizadas de la argentina setentista.
El trabajo de Marta Philp, “La democracia de los mejores, no de la demagogia”: el orden político durante el “Proceso de Reorganización Nacional”, propone revisar este período de la historia de Córdoba a partir de una mirada centrada en un problema clásico: el de la justificación del poder. Los militares que asumieron el gobierno en marzo de 1976, al tiempo que negaban la política existente hasta el momento de su intervención, utilizaban cada uno de los escenarios y fundamentalmente las conmemoraciones de las fechas patrias y los aniversarios de su llegada al poder para manifestar sus ideas sobre el futuro orden político que debería ser “la democracia de los mejores, no de la demagogia”.
María Clara Iribarne, en su texto “Empresarios en Córdoba y poder militar: Diálogos en la intimidad”, propone -a partir del análisis de los diálogos realizados entre el Gobernador Sigwald y distintos actores que expresaban, desde una posición privilegiada dentro del campo económico de la provincia, la mirada de los sectores dominantes de la sociedad cordobesa- enfocar el estudio en las intervenciones discursivas de estos actores, entendiendo que a través de ellas es posible comprender una parte de la trama de las complicidades de las que el régimen disponía y, más importante aún, la pervivencia de varios tópicos que se mantuvieron luego del desmoronamiento de la dictadura, tras la derrota de la guerra de Malvinas.
Gabriela Closa, en su trabajo “Las transformaciones en el peronismo de Córdoba”, analiza como la derrota electoral que sufrió el peronismo el 30 de octubre de 1983 dio inicio a una profunda crisis que involucró a la dirigencia y a las bases del partido y del movimiento, al tiempo que socavó los pilares sobre los que se habían sustentado durante muchos años la adhesión y la identificación de una parte mayoritaria de la sociedad argentina con esa ideología y práctica política. La autora se centra en dos momentos claves. El primero alude a la conformación de la corriente Renovadora, porque fue la llave que le permitió al peronismo recuperarse políticamente; el segundo se detiene en una de las primeras iniciativas de De la Sota en el gobierno: la aprobación de la ley de Nuevo Estado.

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