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Los partidos políticos en Argentina. Un archipiélago de entramados con fuerte arraigo territorial

Coordinado por Orietta Favaro (Cehepyc/Clacso.UNCo)

Una cuestión central en la democracia es la existencia de un sistema de partidos, con reconocimiento recíproco y posibilidad de alternancia institucional. Los partidos son uno de los mecanismos a través de los cuales la sociedad se articula con el Estado. No son los únicos, pero si son los que pueden expresar los intereses generales en una sociedad democrática. Según Marcelo Cavarozzi, “La vigencia de cada partido se dio en forma sucesiva y/o simultánea y este fenómeno bloqueó la constitución de un sistema político”. Es decir, minaron la posibilidad de la formación de partidos opositores que tuvieran capacidad para llegar al gobierno en la Argentina.
En 1983 el peronismo no había superado la muerte de Perón y no encontraba una alternativa para suplir el verticalismo del líder y definir internamente sus conflictos internos, sin tener que trasladarlos al Estado. La Unión Cívica Radical en cambio interpretó y canalizó las transformaciones de la sociedad argentina en esos años y pudo ser una alternativa.
Hubo entonces una tendencia a la formación de una configuración institucional caracterizada por la interacción entre dos partidos. Sin embargo, la modificación no se produjo durante la transición. El peronismo y radicalismo -partidos que fueron partícipes de los procesos políticos de masas más importantes en Argentina- se sucedieron en los gobiernos de las provincias. Si bien se esperaba un bipartidismo, cada vez más el peronismo se convirtió en predominante; ello lleva a preguntarnos si frente a esta situación podemos seguir pensando en la existencia de un sistema competitivo. Durante años en muchas provincias gobernó uno de los dos partidos; es decir: existió un partido que predominaba y una partidización del Estado. En otras provincias, como Neuquén, gobernó un partido provincial, y en otras provincias del interior argentino, los partidos nacionales lograron un arraigo territorial tal que se los puede considerar partidos provinciales.
Esto nos remite al tema de la oposición, tan importante en la democracia ya que su calidad depende no sólo de las virtudes de un gobierno, sino también de la tarea de aquella. Cuando un partido se mantiene por largos períodos en el gobierno, las instituciones quedan afectadas, la democracia se bloquea, las fuerzas políticas reducen su responsabilidad y se dan mayores posibilidades de corrupción, caudillismo y clientelismo.
La oposición no sólo es el resultado del ejercicio del sufragio, sino también de libertades y derechos, tales como la libre expresión, asociación y reunión. Se encuentra en sociedades pluralistas, en la cuales se garantiza esa libre expresión de ideas e intereses y el funcionamiento de grupos que los encarnan. Se relaciona, asimismo, con la alternancia en el gobierno, entendida como la existencia de una fuerza política que aspira a remplazar a la gobernante, y esa aspiración es viable. Esto requiere un sistema político centrípeto, capaz de multiplicar las arenas de negociación para evitar el bloqueo impuesto por otras fuerzas o desde el poder central. Incluye la consigna de más federalismo, un reclamo que viene del lado de las provincias menos desarrolladas, que piden más recursos, o de las más desarrolladas, porque se apropian de ellos .
La Argentina es un país con predominio de los mismos partidos, continuidad de los actores y ejercicio de prácticas reñidas con la democracia y el pluralismo. A pesar del malestar ciudadano con la política y los partidos, estos sobrevivieron como fuerzas predominantes, en particular el peronismo, quizás en parte por la relación de dependencia cimentada en una prologada identificación social y una trama de solidaridades .
En este sentido, algunas provincias argentinas son una clara muestra de lo que estamos exponiendo: arraigo territorial de los partidos tradicionales y ejercicio de prácticas escasamente democráticas. Es decir que, a pesar de cierta oposición, resistencia y conflicto, se produce un ‘congelamiento’ de las preferencias políticas territoriales y si adentramos la mirada, encontramos que la penetración peronista es vasta.
Homero Santalamacchia y María Isabel Silveti son docentes investigadores de la Universidad Nacional Tres de Febrero y Santiago de Estero, respectivamente. En “Movilización popular y régimen político en Santiago del Estero”, a partir de la explicación de una acción colectiva por el asesinato de dos personas, exponen las condiciones socioeconómicas y políticas de Santiago del Estero, con especial énfasis en el juarismo. Santiago es la provincia intervenida en más ocasiones, lo que contribuyó a que el régimen electoral no rigiese de modo continuado, ni tampoco lo hiciesen las formas republicanas de gobierno. Ello impidió la independencia y el control entre poderes, y el permanente monopolio hegemónico del caudillo de turno, situación que aún se mantiene vigente aunque hayan cambiado algunas formas de constitución del liderazgo.
En ese contexto de patrimonialismo y sostenimiento de las formas republicanas casi sin alteraciones formales, una de las figuras más representativas fue Carlos Juárez, quien fue cinco veces gobernador, alternado el cargo con el de senador nacional. Durante los gobiernos de facto estableció alianzas con sectores políticos aliados a los militares. Es posible hablar de “régimen juarista” porque, durante cincuenta años, hubo un articulador político que combinó distintos elementos para sobrevivir, en medio de los cambios de la política nacional. Juárez reforzó su prestigio como líder y sostuvo la hegemonía de su partido, afianzada además, en una eficaz amalgama de prebendas y miedo, y creó una peculiar representación de los derechos políticos, sociales y civiles en diversos sectores de la sociedad santiagueña.
María Gloria Trocello y María Amelia Marchisone, cientistas políticas de la Universidad Nacional de San Luis, estudian “La dominación partidaria y la concentración del poder político. El caso de San Luis”. Analizan la conocida dominación política de los hermanos Rodríguez Saá en San Luis. Existe una instalación nacional de las bondades de su gestión gubernamental, basado en las virtudes de la obra pública (especialmente autopistas y vivienda), los eventos deportivos y artísticos, el apoyo al cine nacional, la instalación de wi fi libre y la entrega de computadoras personales a los alumnos. El posicionamiento nacional de los hermanos Rodríguez Saá se basa en la consolidación de su dominación en San Luis. Las investigadoras subrayan la patrimonialización del estado provincial en provecho de los gobernantes.
Graciela Iuorno, docente e investigadora de la Universidad Nacional del Comahue, estudia Río Negro en los comienzos de la etapa democrática de los ’80: “Una provincia ‘imaginada’. El gobierno de Álvarez Guerrero y la ‘espinosa cuestión’ de la integración rionegrina (1983-1987)”. La autora estudia la propuesta de integración presentada por el gobernador Álvarez Guerrero en la apertura de sesiones de la Legislatura provincial, referido a su alto nivel de ‘in-integración’ -carece de un centro-nucleador de integración territorial- tanto económica, social y cultural. En Río Negro, los peronistas locales fueron ‘vencidos’ en la confrontación electoral de 1983, y más adelante, las luchas facciosas impidieron a los candidatos del Partido Justicialista imponerse como alternativa en el sistema político provincial. El discurso triunfante fue el de la representación alternativa: la democracia con el pluralismo y la tolerancia como faro, inaugurarían nuevas prácticas políticas en el escenario local. Pero no fue esto lo que ocurrió y posteriormente, el hastío por las formas de hacer política del partido predominante, determinan, entre otras cuestiones el triunfo del peronismo en el 2011.
Por último, se incluyen dos trabajos vinculados con el tema del neoperonismo, en Mendoza y Neuquén. María Virginia Mellado, docente e investigadora del CONICET, analiza en “La experiencia concurrencista. Apuntes sobre la configuración del neoperonismo en Mendoza, 1960-1966”, la experiencia neoperonista en Mendoza desde el momento en que las dirigencias locales se aprestaron a crear organizaciones propias a escala provincial hasta el ocaso de este tipo de experiencia con el fracaso de las elecciones de 1966. Estudia el vertiginoso ascenso y adhesión del partido Tres Banderas en 1961, que permitió consolidar liderazgos provinciales. Destaca la importancia de los mediadores políticos y los líderes locales y su relación con los dirigentes provinciales, como Alberto Serú García, primero en Tres Banderas y luego en el MPM. Con las elecciones de 1963 maduró la experiencia neoperonista, y el partido logró una importante gravitación en la escena provincial y presencia en el escenario nacional. En la elección de 1966, la puja entre distintos grupos peronistas y diversas estrategias quedó incluido en el conflucto más general entre Vandor y Perón, cuya acción determinó la derrota del MPM.
Finalmente, se presenta el trabajo de quien coordina este dossier, referido a Neuquén y el el Movimiento Popular Neuquino, que gobierna la provincia desde hace medio siglo, y que también ha sido denominado por sus propios dirigentes y por algunos de quienes lo estudian como otro caso de neoperonismo.

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