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La simbiosis entre prensa y política en la segunda mitad del XIX: México y Argentina

 

Paula Alonso

 

La prensa del siglo XIX en América Latina y su relación con la política, ha conformado una de las principales innovaciones temáticas de las últimas tres décadas. Hasta los años 1980, la prensa era utiliza principalmente como insumo de la historia política, mientras que la política se reducía generalmente al contexto referencial de una historia de la prensa focalizada en temas de tiradas de diarios, circulación, autoría, etc. Hoy, esto ha cambiado de tal modo que resulta improbable que el análisis de la política decimonónica no incluya un análisis de la prensa como aspecto constitutivo de la misma, o que un análisis de la prensa no sea entrelazado con el mundo político sobre el que actuó, modificándolo. El robustecido interés por la política del siglo XIX como objeto de estudio, requirió de un mayor entendimiento de una de sus principales piezas: la prensa. Así, una vigorizada “nueva historia política” nos ha ofrecido un saludable cúmulo de publicaciones y de congresos que no han hecho más que iluminar el carácter simbiótico de la prensa y de la política del siglo XIX. Para decirlo en forma simplista, lo que comenzó a gradualmente a vislumbrarse es la forma en que la política producía prensa y la prensa hacía política. De forma similar a lo acontecido con la historia electoral, la prensa latinoamericana de entonces ha sido rescatada de su viejo rol de “leyenda negra” del periodismo moderno o como desviación del “modelo periodístico” de Estados Unidos para adquirir un carácter propio y transcendental en el mundo de la política.

La consolidación de los lazos entre prensa y política se derivó de transformaciones más generales experimentadas en las ciencias humanas, las cuales pueden pensarse como una combinación de nuevas epistemologías y metodologías inspiradas en el pos-estructuralismo, y los giros lingüístico y cultural en sus diversas variantes. Dichos giros, cabe sin embargo recordar, no tenían a la prensa en la mira. Las metodologías propias del giro lingüístico, dado por muchos hoy ya por superado, no tenían como destino a las páginas de estos impresos del siglo XIX, sino a obras de más largo aliento, textos extensos, generalmente producidos por un solo autor, libros que por diferentes razones son escogidos como referencia de una constelación de ideas. Y tampoco la historia cultural se ocupó directamente de la prensa, ya que la misma tendió a enfocarse en otro tipo de artefactos y de representaciones. Aún así, estos giros y sus impacto diverso en la disciplina de la historia ofrecieron un arsenal de herramientas que podían ser adaptadas a un tipo de escrito guerrero, volátil y generalmente fugaz. [1]

En la medida que los estudios sobre prensa y política fueron generando avances, experimentaron con distintas metodologías y ofrecieron nuevas interpretaciones, también abrieron nuevos interrogantes ya que de los mismos fue emergiendo un mundo complejo y un tanto escurridizo como objeto de estudio. Hoy en día no resulta suficiente asentar una y otra vez el carácter estrecho entre prensa y política en la América Latina del siglo XIX. Resulta necesario, más bien, retornar a preguntas básicas que puedan hacer de resortes de una serie de reflexiones. ¿Que se entiende por política y que se define por prensa al pensar en una relación simbiótica entre ellas? ¿Cómo pueden pensarse las diversas formas en que dicho enlace tuvo lugar? Pierre Rosanvallon, por ejemplo, ofrece una distinción ya clásica entre “lo político” (en el que la prensa colaboraría a nutrir un mundo de mentalidades) y “la política”(como ámbito de competencia partidaria y de accionar diario del gobierno). [2] En forma similar, Kari Palonen nos propone diferenciar el concepto de la “política como actividad” del de la “esfera política”, posicionando el surgimiento de la primera en el siglo XIX Europeo, facilitado por el proceso de democratización y de expansión de la participación electoral, de la periodización regular de las elecciones, del desarrollo de los partidos políticos y de la emergencia del político profesional. [3] Aunque quizás no sea sencillo distinguir “lo político” de “la política”, o la política como “actividad” o como “esfera”, cabe preguntarse si es fructífera o analíticamente posible desglosar los vínculos entre ellas y la prensa.

México y Argentina comparten algunas características propias de la segunda mitad del siglo XIX. De la inestabilidad e incertidumbres de la primer mitad del siglo, ambos comenzaron a transitar en los años cincuenta hacia una consolidación estatal que se afianzará en las décadas siguientes. Y ambos, a partir de los años ochenta, experimentaron la conformación de hegemonías políticas y de profundas transformaciones económicas y sociales. La prensa en ambos países también transitó por cambios similares en la segunda mitad del siglo, de fugaces y erráticos impresos a tiradas más regulares, de mayor duración y de creciente protagonismo.

Los trabajos aquí agrupados se encuadran dentro de estos contextos y transitan (aunque no necesariamente en forma explícita o intencional) por varios de los umbrales de análisis arriba mencionados. Fabio Waserman explora la forma en que el rol de la prensa fue aquilatado por varios actores de peso luego de la caída de Rosas y en vistas a la construcción estatal y republicana. Al incrementarse substancialmente el número de periódicos, la discusión pronto se disparó sobre el clásico tema de la tensión entre la libertad y el orden. Y aunque el autor no lo analizara de esta forma, podría aventurarse que esta tensión también puede pensarse como el rol de la prensa en la construcción de “lo político” o una esfera de la política, y los excesos que muchos temían sobre todo cuando la misma se vinculaba con la política como actividad. Adriana Pineda, por su parte, nos ofrece una análisis regional sobre Michoacán para un período de agitación en el que tuvieron lugar 28 nombramientos de gobernador entre 1857 y 1885. No es de extrañar, que en dicho contexto la prensa se caracterizara por ser facciosa y que respondiera a la vernácula fragmentación de intereses. Una análisis prosopográfico revela que las principales plumas fueron empuñadas por los principales actores en dichas contiendas, también con variados roles en el campo científico y cultural.

La construcción de poderes hegemónicos a partir de los años ochenta en México y Argentina no disminuyó ni el número ni el protagonismo de la prensa vinculada a la actividad política. Luego de analizar la naturaleza de la prensa en estos años, el trabajo de mi autoría reconstruye la ideología que el Presidente Roca propulsó a través de su propio diario, intentando defenderse de los opositores y legitimar su administración. El análisis de Fausta Gantús confirma que la prensa constituía una parte integral de las estrategias electorales aún en situaciones de aparentes acuerdos y candidaturas únicas. A diferencia de Roca, vemos que Díaz no tuvo un periódico propio sino que cosechó el apoyo selectivo de varios impresos con los que enfrentó el reto de las elecciones de 1884. Si la efervescencia periodística crecía en los momentos electorales, Alicia Salmerón nos muestra que la relación entre prensa y clubes políticos no conformaba una avenida de una sola mano. No eran sólo los clubs los que creaban o atraían tras de sí instrumentos para las campañas, sino que en el caso que analiza para las elecciones de 1892, el club fue creado por el periódico. La originalidad de su análisis radica en ofrecernos un rol de los periódicos como propulsores de una accionar electoral.

La relación simbiótica entre la prensa y la política que estos trabajos, como muchos otros, nos ofrecen alejan a estas experiencias de aquellas que tuvieron lugar en otras latitudes, como la de los Estados Unidos. Allí se desarrolló una industria editorial basada en el mercado, marcadamente distinta a estos diarios/panfletos que escasamente podían sobrevivir sin el fragor de la política, y que renunciaban abiertamente a exhibir imparcialidad en sus opiniones. Sin embargo, lejos de pensarse en ellos como aberraciones alejadas de la modernidad, Paula Bruno reconstruye la forma en que uno de los referentes de la elite política/intelectual Argentina de estos tiempos – y él mismo corresponsal y escritor asiduo de la prensa – reflexionó sobre la misma. Sus menciones peyorativas hacia la prensa no ensombrecieron sus marcadas preferencias por estas publicaciones destinadas a formar opinión, en abierto rechazo al modelo empresarial de los Estados Unidos. Cané nos ofrece así un vinculo con el carácter pivotal de la prensa que en diversas facetas supo vincular a “la política” con “lo político”, a la “actividad” con “la esfera”. Y quizás aquí yace el imán que la prensa ha ejercido entre los historiadores ya que es difícil pensar en otro artefacto del siglo XIX que haya servido tanto a la construcción de estos vínculos entre ambas.

Referencia de los textos

NOTAS
1.  He desarrollado estos temas en forma más extensa en Paula Alonso, “La historia de la política y la historia de la prensa: Los desafíos de un enlace”, Adriana Pineda Soto, (coord.), Recorridos de la prensa moderna a la prensa actual, Mexico, 2015.
2.  Pierre Rosanvallon, “The Study of Politics in History”, en Samuel Moyn (ed.), Democracy Past and Future, (New York, 2006), pág. 36.
3.  Kari Palonen, The Struggle with Time. A Conceptual History of “Politics” as an Activity”, (Hamburg, 2006).