Libros
Mi viaje a la Argentina
La Habana, Editorial Unidad, 1948.
Diario de viaje de un sindicalista cubano en la Argentina de Perón.
Vicente Rubiera Feito, Mi viaje a la Argentina (1948)
No es frecuente encontrar diarios de viajes escritos por extranjeros que retraten la Argentina de mediados del siglo XX —los hay en abundancia para épocas precedentes—y, menos todavía, escritos por la mano de un sindicalista. Vicente Rubiera Feito, líder de los telefónicos en la Cuba de 1948, viajó a la Argentina invitado por la CGT local para participar junto a un amplio conjunto de sindicalistas del continente de un congreso a través del cual el gobierno argentino esperaba lanzar en Buenos Aires una central obrera latinoamericana. El cubano llegó con la completa ignorancia de lo que significaba el peronismo. Si bien antes de partir había escuchado que Perón encarnaba una variante local del fascismo, no se dejó llevar por ideas preconcebidas y se dispuso a sacar sus propias conclusiones. Y cuando tuvo a Perón frente a frente, no se privó de discutir con él. No con la intención de acusarlo de fascista, puesto que Rubiera advirtió que el peronismo era algo demasiado complejo de explicar, y más si se prestaba atención a sus figuras estelares: Perón y Evita. La discusión giró en torno a la doctrina de la tercera posición y la política internacional de Perón en general, según la cual la Argentina debía apartarse de los dos polos que con nitidez comenzaban a delinearse desde los albores de la Guerra Fría. Rubiera sostuvo que esa doctrina, que seguramente le sería muy útil a Perón para lograr apoyos en la política interna, de ningún modo podía ser proyectada a nivel internacional. La consideraba completamente inviable en el nuevo mapa de la posguerra. Se lo dijo franca y llanamente a Perón y Evita, y registró con nitidez las dispares reacciones de ambos a sus comentarios. Perón, en un tono campechano, terminó por admitir que el cubano tenía algo de razón, haciendo gala de esa inagotable capacidad de seducción que solía dejar satisfechos a sus más variados interlocutores. Evita, en cambio, se mostró por completo intransigente, en cierto sentido algo más tosca, y fue incapaz de revisar su posición. De este modo, Rubiera Feito concluye que Perón no tenía nada de fascista y, si acaso tiene sentido ensayar alguna comparación, mejor sería pensar en la figura de Lázaro Cárdenas. Lo único malo del mexicano fue —según Rubiera— que no tuvo la posibilidad de la reelección, y su obra quedó inconclusa. Quién sabe si Perón habrá de tener más suerte…
Este libro se completa con observaciones no menos picantes sobre la CGT local y su funcionamiento en la era peronista, tanto que Rubiera llama la atención sobre el riesgoso peligro del verticalismo. (Cabe aclarar que en Cuba el autor era un dirigente sindical independiente, no comunista.) Y no menos interesante es el colorido cuadro latinoamericano que se pinta a grandes trazos en este libro, puesto que Rubiera viaja en barco a la Argentina por dos rutas diferentes, de ida por el Atlántico y de vuelta a Cuba por el Pacífico. Cada parada se convirtió en una excusa para sumergirse en la situación obrera local, contactándose a través de colegas sindicalistas. En este cuadro latinoamericano, sus observaciones sobre la modernidad del movimiento obrero argentino, y de la Argentina en general, cobran tanta más relevancia.
El ejemplar que aquí se reproduce es copia del que se encuentra depositado en la New York Public Library. Llegó a la biblioteca neoyorquina por la propia donación del autor, según puede advertirse en la dedicatoria. Este ejemplar pudo ser fotocopiado y traído a la Argentina gracias a una beca Fulbright cofinanciada con el CONICET.
Bajar Mi viaje a la Argentina (24.3 Mb.)
Hojear Mi viaje a la Argentina
La carga puede demorar algunos minutos. Usar el mouse para pasar las páginas desde los ángulos del libro.