Los sitios web sobre el Bicentenario
“Bicentenarios en la Web: Historia y Conmemoración”, Morea, Alejandro
“Bicentenarios online”, Ayrolo, Valentina
Los festejos por el Bicentenario colocaron a la Historia en primer plano. En todos los ámbitos de la vida social se comenzó a hablar del pasado y se fue imponiendo la necesidad de conocerlo, revisarlo, comprenderlo, interpretarlo. Aquello que parecía reservado para los historiadores comenzó a ser propiedad del colectivo social y en programas televisivos de toda índole, en actos políticos, en las producciones artísticas y, por supuesto, en la web, se comenzó a hablar cada vez más sobre este proceso fundante de la nacionalidad argentina que se inició en 1810.
Este revuelo conmemorativo requirió de los “especialistas”, es decir, de los historiadores que, también por un momento, pasamos de alguna manera a un “primer plano”. Desde canales de televisión, radios, revistas, escuelas, instituciones gubernamentales y no gubernamentales nos solicitaban para aclarar, explicar, contar o develar algo nuevo, diferente, curioso, desconocido o “secreto” de la gesta de la independencia.
Ahora bien, ¿estábamos preparados para este tipo demandas? El análisis de las páginas web sobre el Bicentenario puede arrojar alguna posible respuesta. Ante todo, las páginas oficiales y las impulsadas por organismos ya sean públicos o privados no-gubernamentales, contrastan notablemente con las propuestas por los “especialistas”. La utilización de los recursos multimedia, la satirización o dramatización de los hechos históricos, los juegos, los concursos, las encuestas, los eventos deportivos, culturales o recreativos constituyen un popurrí de ofertas para entretener y captar el interés del internauta mientras “algo” de los 200 años de historia que nos separan de la gesta de la independencia quedará en su acervo de conocimiento sobre la temática.
Las páginas de los historiadores, en cambio, no buscan entretener. Pensadas con el mismo rigor científico con que abordamos nuestras tareas investigativas, los historiadotes no hemos podido desprendernos aún de la utilización de recursos tradicionales que apuntan a la reflexión y a la transmisión del conocimiento con toda la complejidad que supuso su construcción. No pensamos en “entretener” ni en la interacción, sino en explicar y “hacer pensar”.
Sin embargo, ni una ni otra (sólo entretener o sólo hacer pensar) resulta suficiente en estos tiempos. El desafío actual de quienes producimos conocimientos históricos es lograr transferirlos con toda la rigurosidad científica y en toda su complejidad, pero a través de medios, recursos y lenguajes adecuados a un público que ya no es “lector” por definición, sino un espectador interactivo.
La “demanda social” de historiadores durante los festejos del Bicentenario nos invita, entonces, a un esfuerzo reflexivo acerca de la naturaleza de nuestra práctica, pero no sobre la práctica investigativa en sí, sino sobre las formas de transmitir aquellos conocimientos que recuperamos sobre pasado. Es decir, nos convoca a pensar en la historia como relato, como operación de escritura subjetiva de saberes objetivados. Pero, si la Historia es en definitiva escritura, cabe preguntarnos ¿cómo hacer para mantenerse dentro de las reglas argumentativas y discursivas de la disciplina sin encerrarnos en la mera dimensión del lenguaje? Es en este punto donde deberíamos comenzar a pensar en que no sólo se puede contar a través de la palabra, sino que en la actualidad parece indispensable incorporar al relato histórico dimensiones sensoriales que aporten un cierto grado de “vitalidad”, es decir, que aproximen a los lectores/espectadores a un pasado un tanto más vivencial, más cercano a las experiencias de los actores históricos y a los intereses de los sujetos actuales.



