Dossier. El socialismo después del peronismo

El socialismo después del peronismo

 

María Cristina Tortti (UNLP)

 

El tema de este Dossier introduce al lector en un período sumamente conflictivo de la vida del Partido Socialista (PS), el cual sólo muy recientemente ha comenzado a ser explorado en los ámbitos académicos. Se trata de los años durante los cuales dicho partido atravesó el convulsionado proceso interno que lo conduciría a una extrema fragmentación y dispersión de sus fuerzas – fuerzas ya muy debilitadas desde la irrupción del peronismo.
En tal sentido, la sucesión de divisiones iniciada en 1958 puede ser entendida como el estallido de contradicciones y frustraciones largamente acumuladas, sobre todo –aunque no únicamente- durante el decenio peronista. Y también como consecuencia del malestar generado en sus filas cuando, después del inicial apoyo a la Revolución Libertadora, fue evidente que ésta no venía a “democratizar” la vida política y sindical sino a reprimir a los trabajadores.
Sin embargo, las polémicas y conflictos que agitaron al partido reconocen también otras causas, algunas de vieja data, entre las cuales corresponde mencionar la existencia de una persistente discusión –a veces abierta, a veces soterrada- entre quienes sostenían una versión “liberal” del socialismo y una intermitente “línea de izquierda” interesada en acentuar los contenidos específicamente socialistas del programa partidario y claramente diferenciado del de los partidos “meramente liberal-democráticos”: en las condiciones del post 55´ ambas corrientes encontrarían nuevos argumentos desde los cuales reanudar la disputa.
A los motivos derivados de la propia historia, pronto se agregarían los que provenían de los cambios operados a nivel internacional a partir de la segunda posguerra y que afectaban tanto a la recién reconstituida Internacional Socialista (IS) como al campo de las izquierdas en general. En Europa, en el contexto de la “guerra fría”, buena parte de los partidos de la IS venían produciendo un viraje que los llevaría a acentuar su carácter “democrático” y, a la vez, a desprenderse de la tradición marxista. En el caso del PS argentino, dicho viraje contribuía a avalar la línea “liberal” de Américo Ghioldi y favorecía su denuncia del “totalitarismo” -peronista o comunista.
En cambio, los procesos de descolonización y las experiencias revolucionarias –primero las de China y Yugoslavia, y luego la cubana- impactaron fuertemente a las izquierdas, sobre todo en las nuevas generaciones militantes. Las Juventudes Socialistas fueron tempranas receptoras y difusoras de esos procesos, en particular del cubano -con el cual estaban relacionados desde mucho antes de su triunfo. En ese camino los jóvenes socialistas encontraron apoyo en un grupo de veteranos dirigentes que, desde los años veinte y treinta sostenían posiciones antiimperialistas, muchas veces a contrapelo del grupo dirigente: junto a ellos iniciarán la batalla contra el “ghioldismo”.
En esa informal alianza renovadora se contaban varios tradicionales y prestigiosos dirigentes -Alfredo Palacios, Carlos Sánchez Viamonte y Alicia Moreau-, así como el prestigioso historiador José Luis Romero. Pero sin lugar a dudas el contingente principal provenía de las muy activas Juventudes Socialistas, comandadas por Alexis Latendorf, Enrique Hidalgo, Pablo Giussani, y los aún más jóvenes Elías Semán y Ricardo Monner Sans. Los unía el propósito de impulsar la revisión de la línea partidaria y de promover el reencuentro del partido con los trabajadores –alejándolo definitivamente del “gorilismo”
Pero la resistencia del sector mayoritario de la dirección nacional a abrir la discusión condujo, después de muchos y variados incidentes, a la fractura del partido, en julio de 1958. Del “congreso de la ruptura” resultaron dos agrupaciones: el Partido Socialista Democrático (PSD) -orientado por Ghioldi- y el Partido Socialista Argentino (PSA), que retuvo cerca de dos tercios de los afiliados y adicionó a su nombre el lema “Recuperado para la clase trabajadora”.
Si bien el lema resumía bien el espíritu de los renovadores, éstos no constituían un grupo homogéneo: sus puntos de acuerdo radicaban casi exclusivamente en el antighioldismo y en el compartido deseo de volver a ser un “partido popular”. Pero mientras algunos concebían ese proyecto en términos más bien moderados, el sector juvenil –marcadamente izquierdizado- era proclive a gestos políticos audaces y métodos radicales.
Durante la primera parte del gobierno de Arturo Frondizi, ambos partidos funcionaron de manera paralela, cada uno según su estilo. El PSD, aunque debilitado, mantuvo una discreta representación legislativa y cierta presencia en algunas localidades –siendo Mar del Plata, el caso más notable. Por su parte el PSA, que alcanzó una representación similar – o levemente superior- , muy pronto se dividiría por insalvables diferencias respecto del tipo de lazo político a establecer con el peronismo, y también en relación con la naturaleza de los vínculos que mantendría con la Revolución Cubana. En 1961 el grupo juvenil dio nacimiento al Partido Socialista Argentino de Vanguardia (PSAV), mientras que el otro sector –en el que se encontraba Palacios- pasó a denominarse Partido Socialista Argentino “Casa del Pueblo”.
El PSAV, que se consideró a sí mismo como el primer partido de la “nueva izquierda” argentina, y cuyo eje programático pasaba por la búsqueda de unidad con el peronismo –en particular con su sector combativo-, sufrió su propia crisis hacia fines de 1963 a raíz de una serie de frustrantes experiencias políticas. De su estallido resultaron tres organizaciones: Vanguardia Popular, en la que permaneció el grupo original, profundizó su línea pro peronista; Vanguardia Comunista, sector liderado por Elías Semán, optó por una construcción política de tipo marxista- leninista; y el Partido del Trabajo, que agrupó a buena parte de los militantes con inserción gremial. De ese modo, hacia mediados de la década del sesenta, parecía asistirse a una virtual desaparición del socialismo en la política argentina.
Si bien desde entonces nunca faltaron intentos de reagrupamiento de las dispersas fuerzas, debieron pasar varios años hasta que comenzaran a prosperar iniciativas como las de Alicia Moreau y la Confederación Socialista, o la búsqueda de acuerdos entre quienes venían del “viejo tronco” y el más joven Partido Socialista Popular. Pero, por haberse producido en un contexto histórico sensiblemente diferente del aquí evocado, ésos son temas que exceden los propósitos de este dossier.

El texto de Cecilia Blanco (Licenciada en Sociología, UBA) analiza las mutaciones producidas en el discurso de la Juventud Socialista en el período inmediatamente posterior a la caída del peronismo, y advierte los síntomas de una crisis de identidad y de voluntad política renovadora expresada en la búsqueda de nuevos esquemas interpretativos sobre el “hecho peronista”.
El trabajo de María Cristina Tortti (Licenciada en Sociología; Doctora en Historia- UNLP) reconstruye el ciclo de divisiones del PS, atendiendo a los temas a partir de los cuales se produjo la radicalización de su fracción de izquierda. La combinación de acercamiento al peronismo y fuerte adhesión a la Revolución Cubana puede ser leída como un intento de articular elementos de la doctrina socialista con contenidos propios del nacionalismo popular.
Silvana Ferreyra (Doctora en Historia, UNMDP- CONICET) se interesa por entender cómo hacía política, a nivel local, el Partido Socialista Democrático, en Mar del Plata entre 1958 y 1966. Confronta el imaginario socialista tradicional con las prácticas efectivamente desarrolladas desde el gobierno municipal, y encuentra contradicciones entre el ideal del asociacionismo “autónomo” y la presencia de los vínculos personales (clientelismo) en las relaciones políticas.
Karina Jannello (Magíster en Sociología de la Cultura, UNSAM) indaga en las políticas culturales del Partido Socialista –luego PS Democrático- en el contexto de la “guerra fría” y en conexión con emprendimientos auspiciados desde los ambientes socialistas europeos destinados a difundir :una versión humanista, pro liberal y anticomunista del socialismo.
El texto de Fernando Pedrosa (Doctor en Procesos Políticos Contemporáneos, Universidad de Salamanca) presenta la muy poco conocida labor de la Internacional Socialista en América Latina que, desde 1955 contaba con un Comité Latinoamericano, apoyado fundamentalmente en los partidos socialistas del cono sur. Pero luego, la conflictividad e izquierdización de esos partidos llevó a que la Internacional girara su atención hacia los llamados “partidos populares”.
Adrián Celentano (Profesor de Historia, UNLP) y María Cristina Tortti indagan en los orígenes de Vanguardia Comunista, el primer grupo maoísta argentino. Nacido de la crisis del Socialismo de Vanguardia y del desencanto con las posibilidades revolucionarias del peronismo, el grupo liderado por Elías Semán se propuso crear un partido marxista-leninista, alejado tanto del populismo como del guerrillerismo.

 

Textos




Dossier. La “crisis peronista” del Partido Socialista

La “crisis peronista” del Partido Socialista.

Carlos Miguel Herrera

El conjunto de trabajos que presentamos aquí se propone examinar lo que podríamos llamar –parafraseando una obra francesa célebre– la “crisis peronista” del Partido Socialista. En verdad, los síntomas pueden hallarse algunos años antes de la llegada al poder del general Perón, aunque la crisis se torne más nítida después de 1946, y estalle con mayor vigor tras el derrocamiento del régimen justicialista. La referencia al peronismo, pues, no menta sólo un período cronológico encerrado entre dos fechas, sino más bien a ese complejo momento crítico que converge y se agudiza en y con esa experiencia, cifrando un antes y un después en la historia del Partido Socialista. En ese sentido, cabría tal vez distinguir tres niveles de la crisis del PS, que los diferentes textos que componen el dossier buscaran esclarecer.
El primero de ellos puede filiarse en los años treinta, cuando la muerte de Juan B. Justo, el omnisciente líder del partido, lleva al poder un nuevo equipo de dirección en torno a Nicolás Repetto, donde destaca un grupo de promisorios jóvenes –Juan Antonio Solari, Rómulo Bogliolo, y sobre todo Américo Ghioldi–, que la muerte o la vejez de los antiguos compagnons de Justo llevará paulatinamente a los primeros planos de la organización. La consolidación de este grupo a la cabeza del PS no se realiza sin fuertes tensiones, agudizadas en el contexto de la crisis europea y el ascenso del fascismo. De hecho, los cambios que se producen en el país luego de la interrupción del orden constitucional en 1930, serán aprehendidos al trasluz de este nuevo fenómeno. La victoria electoral de 1942 en la Capital Federal –ahora con la participación radical en los comicios– parecía cerrar ese proceso, pero la clave totalitaria se usará incluso para comprender las nuevas experiencias que conocerá el país en esa nueva década.
Un segundo momento, central, de la crisis se abre en 1946-1946, cuando aquella novedosa fuerza que se había estructurado desde el Estado comienza a hacer sentir sus efectos dentro del PS. No se trataba tan sólo de las persecuciones –bajo la forma de clausuras a su órgano partidario, o la detención y el hostigamiento de los militantes socialistas, que habían ya bajo el gobierno militar llevado a los principales líderes al autoexilio montevideano–, sino también de la fuerza de atracción que la acción del coronel Perón ejercía en una segunda línea de dirigentes socialistas, sobre todo ligados al movimiento obrero. De la denuncia a la usurpación de la obra legislativa del viejo partido se pasará pronto a la condena del “mal totalitario” que parecía instalarse en nuestras tierras tras ser derrotado en Europa. Con todo, la línea partidaria que termina de imponerse a finales de los años cuarenta, y que había llevado a formas inéditas de accionar socialista (como la abstención electoral), genera tensiones y críticas, que el Gobierno no se privará de alentar con sus poderosos medios.
El momento final se abre con la caída del general Perón, en septiembre de 1955. Si en los últimos tiempos del régimen peronista –que habían visto el incendio de la Casa del pueblo o la promoción de un Partido Socialista alternativo– la crisis interna parecía acallarse públicamente, las desavenencias se tornan ahora cada vez más abiertas, pese al entusiasmo y la confianza que mostraban los socialistas, y que había llevado, dicho sea de paso, a muchos de sus hombres a colaborar, en variados niveles, con los gobiernos surgidos con la llamada “Revolución Libertadora”. La lucha por la dirección de “La Vanguardia”, la elaboración de un programa para la Convención constituyente, la elección de sus candidatos a cargos representativos son algunos de los tensos episodios que desembocarán en la ruptura final de 1958 tras el malogrado Congreso de Rosario, del que surgirán dos partidos separados.
Nuestro dossier se compone de cuatro trabajos. Dos de sus artículos se concentran en las vivencias del socialismo bajo el peronismo, tanto en su accionar partidario como en lo referente a sus nebulosas, que se habían acrecentado al calor de la expulsión o la salida de sus afiliados.
Ricardo Martínez Mazzola estudia así la experiencia de Nuevas Bases, el periódico que termina convirtiéndose en el portavoz más duradero del Partido luego de la clausura de los talleres de La Vanguardia. Siendo la prensa un factor esencial del PS, no sólo como vehículo para la difusión de sus ideas, sino también en la distribución de poder interno, el estudio del periódico revela las líneas que van construyendo la oposición al peronismo, pero también las expresiones que alimentarán pronto las desavenencias internas.
Carlos Herrera se detiene en la crisis que se abre luego de las elecciones de febrero de 1946, agudizada a partir de 1948, para concentrarse en el intento más estable por configurar una nueva identidad partidaria que se mostrase más abierta al hecho peronista, el llamado Partido Socialista de la Revolución Nacional. La expulsión de Enrique Dickmann, en 1952, uno de los últimos miembros del equipo de Justo, había habilitado el proyecto de construcción de una nueva organización socialista que disputase su legitimidad al viejo PS, aunque pronto concitará otras miras.
Los otros trabajos exploran, respectivamente, lo que podría ser entendido de algún modo como las causas y los efectos de la crisis peronista del PS, el primer y el tercer nivel que hemos señalado.
Osvaldo Graciano sintetiza los debates que comienzan a atravesar al Partido a partir de los años treinta, adentrándose luego en los primeros momentos de la oposición al peronismo. Se observa allí, en particular, algunos de los intentos de reelaboración del viejo programa librecambista, la evolución del lugar de la dirigencia gremial en la organización, pero también las tensiones con el ala izquierda, para entrar finalmente en la oposición hacia el peronismo que se desarrolla a partir de 1946, y que no duda en juzgar su acción social demagógica o la política de nacionalizaciones desastrosa.
Silvana Ferreya, por su parte, analiza el período inmediatamente posterior a 1955, cuando el derrocamiento del general Perón deja al descubierto aquellas tensiones que la lucha contra el “totalitarismo” había cubierto de un manto unitario. Entramos aquí en el último nivel de la crisis, que no pocos observadores consideraran como definitiva. El trabajo propone observar sus vicisitudes en el interior del país, o más exactamente de la provincia de Buenos Aires, a partir de tres aglomeraciones, Lanús, Olavarría y el bastión socialista de Mar del Plata.

Textos: