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Nicolás Quiroga (CONICET-UNMdP)
Anaclet Pons (1959) es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Valencia. En su dilatada trayectoria docente e investigadora se ha dedicado a áreas diversas, pero sobre todo ha trabajado en la historia social y cultural y en la historiografía, a menudo con su colega Justo Serna Alonso. De su producción destacaremos La ciudad extensa, un libro ya clásico que analiza el grupo social dominante en la ciudad de Valencia a mediados del siglo XIX. Ha publicado, en esa línea de investigación, Diario de un burgués. La Europa del siglo XIX vista por un valenciano distinguido (Los Libros de la Memoria, 2006), obra en la que estudia a un miembro de esa burguesía ciudadana a partir del dietario que escribió.
En cuanto a los estudios de historiografía, Pons y Serna han escrito Cómo se escribe la microhistoria (Cátedra, 2000), un ensayo sobre la obra del historiador italiano Carlo Ginzburg, y La historia cultural. Autoras, obras, lugares (Akal, 2005), que evalúa los rasgos fundamentales de esta práctica historiográfica. Asimismo, también con Justo Serna, ha traducido varios libros, como por ejemplo la conocida biografía de Fernand Braudel que elaboró Giulana Gemelli, Pasión por la historia, una larga entrevista con Natalie Zemon Davis o la versión catalana de El queso y los gusanos, del citado Carlo Ginzburg. En 2011 acaba de editar con el profesor Serna un volumen antológico de Antonio Gramsci, titulado ¿Qué es la cultura popular?
Pons ha publicado numerosos artículos sobre los citados temas en diversas revistas y compilaciones. Por lo que respecta a la historia digital, está preparando un volumen sobre el asunto y ha publicado algunos textos, como “La historia maleable: a propósito de Internet” (Hispania, vol. 66, núm. 222, 2006), “Internet: un reto para el conocimiento (histórico)” (Pasajes, núm. 27, 2008) o “’Guardar como’. La historia y las fuentes digitales” (Historia Crítica, núm. 43, 2011).

Anaclet Pons es, además, el autor y el administrador de Clionauta. Clionauta es uno de los más destados blogs de historia en español. Durante más de cinco años, Pons ha posteado cientos de comentarios, traducciones y reseñas sobre historia contemporánea, historia digital y libros de historia y ciencias sociales. Los temas son variados pero tienen en común su importancia para la práctica histórica, para la reflexión. Los posts en Clionauta presentan y difunden temas interesantes y sin dudas nos hacen mejores lectores. Le hicimos cuatro preguntas a Anaclet y amablemente aceptó responderlas. Estas son sus respuestas:

Cuando comenzaste con Clionauta ya eras un investigador reconocido. ¿Cuáles fueron las razones o las inquietudes que te impulsaron a trabajar con tecnologías poco usadas en el campo académico?

En realidad, el blog ha sido la última fase, la de los últimos cinco años. Mi interés por las tecnologías es anterior y obedece a razones diversas. Algunas son de índole personal, como que adquiriera mi primera computadora a mediados de los años ochenta y que me sirviera para escribir la tesis de doctorado. Cualquiera que haya vivido una experiencia semejante en aquel momento, cuando lo habitual era usar una máquina de escribir con carrete y maldecir los errores que se cometían de continuo, podrá comprender el alcance del cambio. Creo que advertí de inmediato que esa herramienta no solo era un aparejo, sino que cambiaba la forma de la escritura, permitiendo copiar, pegar, borrar, almacenar, etcétera.
Desde entonces, con los avances sucesivos, mi interés por los nuevos artilugios y por el espacio digital está relacionado con sus múltiples implicaciones académicas: cómo cambian los soportes de lo escrito, cómo se cuestiona el concepto de autor, cómo se altera la escritura, cómo se modifica la difusión del conocimiento, cómo varía el mismo concepto de documento y el de archivo, etcétera. Pero también había razones pedagógicas, que tenían que ver con mis obligaciones docentes. Entiendo que uno no puede despreciar el lenguaje de las nuevas generaciones, mucho más visual, de modo que la transmisión del saber ha de contemplar el medio en el que están educados los estudiantes. Resulta paradójico, por ejemplo, que como padres queramos someter a nuestros hijos a todo tipo de estímulos desde que nacen, mientras esperamos que en su vida escolar enmudezcan y escuchen, atentos a lo que un libro o un profesor dicen. Y considero, además, un error pensar que el conocimiento ha de ser exclusivamente libresco, escrito. El triunfo de la escritura en la época griega se hizo sacrificando lo visual y lo oral, que estaban bien presentes en sus representaciones escénicas. Ahora, la pantalla recupera parte de nuestra sensibilidad natural, pues conocemos con los ojos y los oídos, no solo con una mente lectora.
Es cierto que las nuevas tecnologías no se usan mucho en el ámbito académico, al menos en ciertas partes de Europa. Y lo es también que, como corolario, son muchos quienes ven en ello un simple divertimento, un pasatiempo sin valor cognoscitivo. A quienes lo entiendan así, simplemente les recomendaría que aplicaran las herramientas y métodos del oficio que dicen ejercer: la historia también ha de ser historizada. Si la imprenta lo cambió todo, también lo está haciendo el entorno digital, que me atrevería a conjeturar que tiene carácter revolucionario.

Al parecer la mayoría de los blogs no pasan la barrera de los seis meses…Imagino que además de argumentos para dejar de escribir con frecuencia, hay zonas de incertidumbre como la del intercambio con los lectores que favorecen la interrupción del posteo. ¿Cuáles son las razones que te hacen continuar con Clionauta, luego de varios años?

Mi experiencia personal quizá no sirva mucho como ejemplo, al menos en determinado sentido. Si me acerqué al blog, como antes a la edición de páginas web, fue por experimentar y porque creía que era parte de mi dedicación profesional. Si los soportes estaban cambiando, era necesario alfabetizarse y usarlos. Uno no puede acercarse a ellos de manera pasiva, ha de comprenderlos, que entren a formar parte de tus posibles prácticas. Por ejemplo: si uno ya no va al archivo y, en cambio, lee una reproducción digital de un documento que le es servido online, ha de comprender el significado de esa sensible alteración. Por eso hablo de alfabetización, porque no es el mundo en el que nos hemos formado y en el que hemos crecido.
En ese sentido, comprendo que la gente abandone el blog y busque otro aliciente, otra herramienta, puesto que el medio cambia continuamente. Nada tiene que ver el internet que hoy conocemos con el Gopher en el que di mis primeros pasos. Si he mantenido mi blog es porque, de nuevo, tiene una vocación pedagógica, para algunos de mis colegas y de mis estudiantes. A lo cual añadiré otro elemento. A diferencia de otros, el mío no es propiamente de reflexión, sino de difusión. En buena medida, porque lo primero me obliga a una conversación con los lectores para la que no me siento muy dispuesto, por experiencias pasadas. En segundo lugar, porque prefiero dar a conocer ideas y estudios que suelen pasar desapercibidos en mi ámbito, sobre todo porque proceden de otros campos o porque se publican en otras lenguas. Hago, pues, un ejercicio de traducción y de selección de contenidos. Es lo mismo que ya hacía: antes era exclusivamente para mi uso personal; ahora lo publico en la red y –según acabo de ver- por termino medio me siguen unas trescientas personas diariamente. Aunque todos los años, a la vuelta de las vacaciones, me propongo cerrar la bitácora, hasta el momento nunca he cumplido mi propósito. Quizá porque ese trabajo lo haría de todos modos, lo publicara o no en el blog. Por otra parte, no tengo demasiados seguidores fieles, menos de un diez por ciento del total, de modo que tampoco menudean los comentarios, ni positivos ni negativos, ni se establece la obligación del diálogo. Eso me ahorra tiempo y sinsabores, que es un motivo habitual para dar por cerrada una bitácora.

De los avances que conocés en el campo de las nuevas tecnologías de la información relacionadas con las ciencias sociales y las humanidades ¿cuáles te parecen avances importantes o prometedores?

Yo lo diría de otro modo. ¿Hay algo que no sea o suponga una novedad? Creo que el entorno digital altera todas y cada una de las prácticas asociadas al trabajo disciplinario, al quehacer histórico en mi caso. Por supuesto, hay algunas herramientas con las que sueño, aunque sea un sueño frustrado, mientras que con otras trabajo. Hay cosas que uno puede hacer, cuya utilidad se reconoce de inmediato. Podría citar Zotero, porque es un software bastante conocido en el campo de la investigación y la recopilación de fuentes y bibliografía. Pero, en otro sentido, me gustaría trabajar con el GIS (Sistema de Información Geográfica), sobre todo por cómo lo he visto aplicado al estudio del pasado. Ahora bien, para eso es necesario colaborar, plantearse la creación colectiva, que es algo sumamente difícil, porque no estamos acostumbrados y porque nuestros acompañantes tendrían que proceder de campos muy alejados al nuestro. Envidio esos proyectos multimedia que hacen los norteamericanos en los que participan especialistas de áreas totalmente distintas. Aquí esa posibilidad está prácticamente descartada.
En general, no hay una tecnología o un programa concreto que me interesen en particular, no me muevo siguiendo lo último, lo más nuevo, que es lo que suelen hacer quienes creen que lo mejor es lo que acaba de aparecer. Entiendo que la herramienta perfecta es aquella que sirve a los propósitos perseguidos, pero las preguntas o las demandas del historiador son las que mandan. Por otra parte, no son los instrumentos tecnológicos que se nos presentan cada día lo que debe ocuparnos y preocuparnos. Las características centrales del cambio que vivimos ya están plenamente desplegadas. Podremos digitalizar mejor los libros y los archivos, por ejemplo, pero lo sustancial es la aparición del soporte digital y su inmensa capacidad de almacenamiento. No nos quedemos, pues, en lo superficial, en el nuevo aparato, sino en lo que significará que todos tengamos acceso a esas fuentes, que nuestra historia las pueda incorporar, algo que hasta ahora mismo era impensable. Por razones de diversa índole, uno investiga en sus archivos cercanos y desconoce lo que hay a lo lejos. Con todos sus defectos y problemas, Google Libros está modificando muchas de las cosas que hacemos y decimos, al permitirnos o sugerirnos lecturas y conexiones antes insospechadas. Por supuesto, eso tiene otras derivaciones, sobre las que también deberemos reflexionar. En el fenómeno de la digitalización, por ejemplo, conviene reparar en la conversión del libro o del documento en dato (data), con el consiguiente auge del cuantitativismo, que ha vuelto por sus fueros. Hay espléndidos y cuestionables estudios utilizando el Ngram Viewer de Google, pongamos por caso, o cualquier otra herramienta semejante.
Lo mismo se puede decir de la escritura digital. Cada día aparecen nuevas plataformas o programas (desde Hypercities a Omeka), pero el aspecto nuclear no varía: la posibilidad de incorporar otros recursos además de la escritura, de mostrarle al lector la fuente, etcétera, con sus enormes ventajas didácticas. También podríamos hablar de todas aquellas herramientas que están permitiendo el auge de las revistas electrónicas, siguiendo patrones académicos, algo que también viene de lejos. Me interesa, por ejemplo, el debate en torno a los derechos de autor, la colaboración académica y plataformas como el Open Journal Systems (OJS). Etcétera

Por último, de los posts que escribiste en Clionauta, ¿Cuáles recordás con satisfacción y por qué?

No puedo decir que tenga predilección especial por ninguna entrada en particular. Desde la perspectiva de los seguidores/lectores, sin duda alguna, el post de mayor éxito es uno en el que se reproduce una entrevista a Jacques Rancière a propósito de su libro El maestro ignorante, realizada en 2008 y consultada en unas 15 mil ocasiones desde entonces. Además, ha tenido 24 comentarios, una cifra desorbitada para mi blog, dado que yo no suelo participar en las discusiones, excepto en casos muy contados y de manera sumaria. A cierta distancia hay otras dos entradas muy seguidas, pero por motivos muy distintos, me temo. En ambos casos, conjeturo que su éxito tiene que ver con las palabras del título que escogí, sin pretenderlo. Eran sendas reseñas, aparentemente poco atractivas, dedicadas a: Tormented Hope: Nine Hypochondriac Lives, del escritor irlandés Brian Dillon; y Before Wilde Sex between Men in Britain’s Age of Reform, del historiador Charles Upchurch. A mi bitácora acceden muchos visitantes buscando en internet y WordPress, la plataforma que uso, te permite saber con qué términos de búsqueda han llegado. En estos dos casos, los vocablos “hipocondría” y “sexo”, que aparecen en los títulos que puse en las entradas, explican el éxito. Por supuesto, un buen rótulo lo es todo, al menos para que alguien te escoja entre el alud de resultados que ofrece Google. Luego, si no encuentra lo que buscaba, el abandono es igualmente acelerado.
He tenido también otro tipo de experiencias, incluidas algunas descalificaciones sin mayor importancia. Dejando estas de lado, hay un par de curiosidades dignas de mención. Por un lado, el trato de algunas editoriales. Como quiera que difundo libros no editados en castellano, que suelen tardar en traducirse o que no lo son nunca, cuando se prepara una versión española la persona encargada del marketing rastrea por internet y, a veces, desemboca en mi blog. En alguno de esos casos, la editorial me remite un ejemplar de la novedad en atención a mi previa labor propagandística. Me sorprendo, desde luego. Por otra parte, esa misma labor de traducción que realizo ha hecho que determinadas publicaciones me soliciten una versión para ediciones impresas o digitales, de modo que mi blog ha servido para que otros repararan en determinadas ideas y se interesaran en difundirlas en sus revistas. En ocasiones como estas, deduzco que la labor realizada tiene una utilidad mayor de la que puedo suponerle.
Finalmente, si tuviera que escoger, preferiría citar no una sino todas aquellas entradas que tienen que ver con el impacto de las nuevas tecnologías en el quehacer académico, porque es algo más desconocido por estos lares. Y quizá por razones sentimentales, debería quedarme con una muy breve en memoria de Roy Rosenzweig (1950-2007). Tuve algunos contactos por correo con él, luego con Dan Cohen, y traduje la versión castellana de la primera versión de Zotero, el programa desarrollado en el Center for History and New Media de la George Mason University. Aunque no le conocí personalmente y en España es un perfecto desconocido, la labor que realizó me merece todos los respetos y fue uno de los responsables de que me interesara por estos asuntos. Así pues: in memoriam!