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Dossier. Arte y política en Argentina

 

Ana Bugnone (IdIHCS – UNLP – CONICET)

 

Hace algunos años comenzaron a destacarse trabajos de investigación que analizaban, desde diferentes puntos de vista, los vínculos entre arte y política. En este dossier se propone un recorrido por algunas prácticas artísticas que surgieron en Argentina en marcos políticos e históricos con un peso particular: el peronismo, las décadas de los sesenta y setenta, la democracia y la poscrisis de principios de este siglo. En aquellos momentos, ciertos artistas y colectivos artísticos propusieron lecturas, miradas y experiencias de lo que se estaba viviendo y, en general, del pasado. Esas prácticas expresaron de modos específicos formas de aprobación al orden vigente o de contestación al poder, consensos o aperturas a nuevas formas de vida. A través del estudio de una diversidad de prácticas, tales como el teatro clásico y el comunitario, la historieta, el cine, la fotografía, las artes visuales y las performances, los artículos que se incluyen en este dossier, dan cuenta de la complejidad y la heterogeneidad de vinculaciones entre arte y política. En algunos casos, la presencia del estado es crucial, en otros, del movimiento político, o bien la confluencia con un conjunto de ideas políticas que circulaban en cada época.

Inicia el dossier un trabajo de Marcela Gené sobre la historieta “José Julián, el heroico descamisado”, publicada en Descamisada, revista de humor político que se transformó en un órgano de la propaganda estatal. En el contexto del primer peronismo, el protagonista de la historieta luchaba contra la oligarquía y el sabotaje, y expresaba en cada acto su lealtad al líder. Según Gené, con un personaje previsible y un argumento esquemático, la historieta fue planificada como medio para transmitir mensajes políticos. Sin embargo, en tanto género popular y masivo, contribuyó en la construcción de la identidad política peronista.

En el mismo período, las políticas culturales del gobierno peronista dieron lugar a diversas experiencias artísticas, especialmente destinadas a trabajadores. Así, Yanina Leonardi analiza prácticas y formaciones artísticas que considera parte de la democratización de la cultura durante el peronismo y que parten de una concepción pedagógica del arte. El “Teatro Obrero Argentino de la Confederación General del Trabajo” tenía un elenco formado por trabajadores. La idea de que el bienestar también incluía a las actividades artísticas no sólo como forma de transmisión educativa de valores e ideales, sino también para contrarrestar el elitismo cultural que había imperado hasta entonces, son los ejes sobre los que Leonardi transita en el artículo.

La forma en que el cine político de entre fines de los sesenta y mediados de los setenta mostró las ocupaciones de fábricas es otro de los aspectos claves que se analizan en este dossier. En efecto, Mariano Mestman estudia las imágenes que el cine argentino utilizó y significó sobre los conflictos obreros de mediados de los sesenta, y destaca de qué modo las películas mostraron los límites y problemas de dicho proceso. De este modo, señalan la necesidad de encauzar las protestas hacia la lucha armada, de acuerdo con el discurso que circulaba en la época en sectores de la nueva izquierda.

En el mismo contexto de radicalización política, Ana Bugnone trabaja sobre el artista Edgardo Antonio Vigo, cuya poética neovanguardista se distancia de una adhesión directa partidaria u orgánica, aunque establece una relación con la política contestataria de la época. De este modo, la autora analiza cómo a través de la poesía visual, las acciones artísticas en el espacio público y el uso del lenguaje judicial, Vigo proponía un tipo de cambio político, cuestionando valores, formas de vida y jerarquías del orden social autoritario.

Las huellas que ha dejado la dictadura argentina que transcurrió entre 1976 y 1983 se han expresado en distintos niveles, uno de los cuales es la producción fotográfica sobre la desaparición. Luis Ignacio García aborda un grupo de trabajos que construyen e imaginan identidades familiares en torno a la desaparición desde mediados de los noventa. La forma en que estos ensayos fotográficos elaboran la memoria se distingue de un uso anterior de la fotografía como testimonio y reclamo por lo sucedido y contienen una politicidad “en pianissimo”, dice el autor, una potencia que se revela en el cuestionamiento acerca de lo contemporáneo.

El trabajo de Lola Proaño Gómez se centra en el modo en que la experiencia del teatro comunitario opera como resistencia a la crisis social y política de fines de los noventa y principios del dos mil. Esta resistencia construye nuevas modalidades de autonomía y subjetivación, contrarias a las definidas por la organización racional y neoliberal. Proaño Gómez analiza cómo el teatro comunitario se transforma en un “monstruo” desde el punto de vista biopolítico, en tanto es un “otro” respecto de lo que impone el sistema capitalista. La autora sostiene que el teatro comunitario produce una subjetividad y un cuerpo diferentes, es decir, una nueva potencia de vida.

Otras de las formas en que los artistas trabajaron sobre los cambios de principios del siglo XXI se explica en el artículo de Leonor Arfuch a través de un análisis de exposiciones y obras que vinculan arte, memoria y experiencia. Ya sea a través de objetos que generan archivos y memorias personales o de un período, como los ochenta, su promesa democrática y posterior debacle, por medio de miradas locales y regionales críticas o bien extranjeras, las exposiciones se ocupan del mundo contemporáneo. La autora apuesta a encontrar en ellas una capacidad particular que se expresa en el poder revulsivo del arte contra la forma de vida actual.

Textos seleccionados para el dossier