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Los partidos provinciales. El caso del Movimiento Popular Neuquino. ¿un neoperonismo existoso?

Coordinado por Orietta Favaro

Palabras clave: partidos políticos provinciales, Neuquén, neoperonismo.

El sistema de partidos en la Argentina, si se toma en forma estricta, es complejo. Se debe a que se incorporaron un conjunto de organizaciones políticas y formas de coordinación entre otras entidades que difícilmente pueden considerarse partidarias. Tenemos una configuración política fragmentada, pero no coordinada nacionalmente, que debería ser leída en términos de centralización y descentralización del sistema político, entendido como el sistema de partidos.
La democracia funcionó en lo que se refiere a la admisión de la oposición y a la alternancia en el gobierno, aunque fue ardua la situación política a efectos de mantener al peronismo como alternante; es decir, a los partidos no peronistas les resultó difícil gobernar con el peronismo de contendiente. Si denominamos alternante al partido que gana las elecciones y alternado al que pierde, la alternancia es bastante imperfecta, porque peronistas y radicales no alternan en demasía (Russo, 2003:10-12).
Ahora bien, el panorama resulta interesante cuando nos referimos a los partidos provinciales. Los estudios son escasos en la historia política argentina, a excepción de la versión local de las fuerzas nacionales tradicionales del sistema político argentino: peronismo y radicalismo. Los partidos provinciales – en general- construyeron su identidad en torno a la defensa de intereses considerados claves para el estado local limitando sus estrategias al espacio y sin incursionar en el orden nacional [1]; su acción consistió fundamentalmente en la negociación con el gobierno central de turno. Estos entramados operaron en diferentes provincias, con escasa permanencia tanto en los catorce estados tradicionales, como en los nuevos espacios que ingresaron a la escena nacional a partir de 1955, luego de casi setenta años de revestir la condición de territorios nacionales (1883-1955): hoy son las provincias de la Patagonia y Misiones, Formosa, Chaco y La Pampa.

Asimismo, en el contexto de la proscripción del peronismo (1955- 1973), surgieron en el ámbito nacional, partidos denominados neo-peronistas [2] cuyo objetivo fue asumir la representación del PJ durante su proscripción, con el compromiso que cuando el problema se solucionara, se disolvían para volver al peronismo central (Arias-García Heras, 1993: 95-125). Estos ‘nuevos’ peronismos se reintegraron al justicialismo en el contexto del año 1973, desaparecieron, se disolvieron o directamente no pudieron permanecer frente a la tensión producida con el radicalismo, como el caso del PACH (Partido de Acción Chubutense) en Chubut y el PPN (Partido Provincial Rionegrino) en Río Negro.

En este orden, diferimos de los estudios que plantean a la Argentina como un país congelado en sus preferencias políticas, presupuesto que se sostiene en que en cada provincia ‘predomina’ un partido en el gobierno, colocándose a Neuquén dentro de ese análisis. Habría en el país “un continente peronista y un archipiélago de diversos sistemas, con islas abiertas a la moda electoral. A nivel provincial se daría un congelamiento de las preferencias…” (Russo, 2003:22). Tampoco coincidimos con los estudios que al hacer referencia a la organización interna de los partidos provinciales, lo analizan como oligarquías provinciales (Alonso García, 2007:1) y/o como conformaciones de terceras fuerzas distritales; antes bien, existen profundas diferencias en cada lugar y en particular, en el caso de estudio: Neuquén, donde la fuerza partidaria es dominante. [3]. Para ello es necesario recordar que los orígenes de estas subinstancias locales (las nuevas provincias), fueron diferentes. En las tradicionales influyó la fragmentación regional y se estructuraron las alianzas; quizás se pueda pensar ¿sobre la existencia de ‘clivajes territoriales’?; es decir, la materialización política de los enfrentamientos del área litoral-pampa húmeda y la extra pampeana, que llevó a las clases dominantes o subalternas aliarse en defensa de los intereses locales. De este modo, existieron partidos provinciales de a) origen conservador: el Partido Autonomista (PAC) y Partido Liberal de Corrientes (PLC), el Partido Demócrata de Mendoza, Defensa Provincial Bandera Blanca de Tucumán y otros – ya desaparecidos- como el Partido Demócrata de Córdoba [4]; b) de origen radical [5], como el Partido Bloquista de San Juan; c) de origen heterogéneo[6], ya que fue una vertiente que englobó a todos aquellos que surgieron por diversos motivos y vinculados – a veces – a las intervenciones en dictaduras militares, como el Movimiento Popular Catamarqueño, el Partido Popular Rionegrino y el Partido renovador salteño; d) de origen peronista, como el Movimiento Popular Salteño y el Movimiento Popular Neuquino , el único que sobrevivió luego de la solución al problema de la proscripción del peronismo.

Durante mucho tiempo se consideró a los partidos provinciales como asociaciones de grupos conservadores y resabios de un pasado que se resistía a desaparecer, sumándose a alguna expresión política o desapareciendo. Si bien los conservadores en el país retrocedieron para quedar reducidos a pocas provincias (Mendoza, Corrientes, San Juan, San Luis); la proscripción del peronismo, la división del radicalismo, entre otros, provocó la emergencia de nuevos partidos como la Unión Popular o el MPN.
Este último surgió en los años de la ruptura institucional (1961) y de las tensiones en los partidos políticos nacionales (UCRI-UCRP), en un espacio extrapampeano donde los sentimientos localistas eran más fuertes – por las etapas previas y la interpelación que algunos dirigentes hicieron de ese pasado-; situación que permitió la emergencia de la fuerza política con orientación modernizadora. Tiene una heterogeneidad ideológica, utiliza las redes clientelares controladas por ‘dirigentes’ (punteros) y conforma sistemas de intercambio y manipulación político electoral a partir de las relaciones interpersonales en esos ámbitos reducidos. Logran imponer una estrategia de interpelación – rearticulando elementos representativos preexistentes -, resignificando voluntades y combinando valores e intereses a veces dispersos y contrapuestos, constituyendo identidades políticas, entendidas como sentidos de pertenencias a proyectos y personas. A partir de lo enunciado, el partido interpela y re-presenta (personalizadamente) a la sociedad neuquina, desde una lectura y re-lectura de la realidad sin que se disuelvan, a la fecha, los vínculos de identificación y consentimiento, a pesar que desde los años ’90, la ciudad de Neuquén se convirtió en un espacio de permanente protesta. Nos estamos refiriendo al Movimiento Popular Neuquino (MPN), que desde su fundación y a partir de la primera gestión (1963-66) continúa en el gobierno de la provincia.
Los trabajos que se presentan a continuación, forman parte de publicaciones materializadas en libros, artículos publicados en el país y en el extranjero. Se trata de estudios pormenorizados del sistema político neuquino, de la política, las estrategias de reclutamiento, la ideología, los clivajes políticos, entre otros. Trabajos pioneros sobre la Historia Política de Neuquén que intentan de llenar el inmenso vacío en lo relativo a las estados provinciales. Así, un grupo de investigadores – dirigidos por la que suscribe el dossier – nucleados en proyectos institucionales de la Universidad Nacional del Comahue, en el Centro de Estudios Históricos de Estado, Política y Cultura, miembro de CLACSO, durante más una década, vienen estudiando la política neuquina, producto de lo cual se publicaron algunos resultados en varios libros. De uno de ellos, Neuquén. La construcción de un orden estatal (1999), editado por Orietta Favaro, se extraen y proponen para este dossier varios artículos y/o trabajos, que tienen un denominador común, el origen y desenvolvimiento del estado neuquino, las características de reviste la política y lo político en ese espacio, la estructuración del poder y el particular funcionamiento de sus sistema político. Se examinan diversos aspectos de uno de los más interesantes procesos de construcción de un orden estatal en el nivel local. En los trabajos que siguen el lector tendrá la oportunidad de recorrer de la mano de sus autores, la singular vida política neuquina.
Con esta serie de trabajos, creemos poder hacer un aporte desde las provincias a la Historia Política Nacional; en este sentido, los colegas del Programa dirán lo suyo.

Bibliografía

Alonso García, M. E. (2007) “La organización interna de los partidos provinciales: una oligarquía provincial”, en Nuevo Mundo Mundos Nuevos . Coloquios. Trabajo presentado en la Ceisal, Bruselas, en http://www.reseau-amerique-latine.fr/ceisal-bruxelas
Ansaldi Waldo (1992) “Frívola y casquivana, mano de hierro en guante de seda. Una propuesta para conceptualizar el término oligarquía en América Latina”, en Funes P. (1992) (comp.) Planteos, Problemas, Preguntas , Buenos Aires: Manuel Suárez Editor.
Bertoni, Lilia Ana (1974) “Las transformaciones del partido y sus luchas políticas, 1916-1930”, en Romero, L.A., Fernández, J.L., et al El Radicalismo , Buenos Aires: Cepe.
García Heras, R. y Arias, M.F. (1993) “Carisma disperso y rebelión: Los partidos neoperonistas”, en Amaral Samuel y Mariano Ben Plotkin (comp.) Perón, del exilio al poder Buenos Aires: Cántaro.
Favaro, Orietta (1993-94) “Centralismo vs autonomía. Mendoza y el petróleo, 1880-1940”, en Anuario, UNR, Rosario: Facultad de Humanidades y Artes, UNR, 16.
Russo, Juan (2003) “La alternancia imperfecta”, en Estudios Sociales: Santa Fe, UNL, 25.
Tcach, César, (1995) “Neoperonismo y resistencia obrera en la Córdoba Libertadora (1955-1958)”, en Desarrollo Económico , Revista de Ciencias Sociales, Buenos Aires: Ides, 137.

Textos

NOTAS
1.  Excepto en Neuquén, con Jorge Omar Sobisch en el año 2003, quien fue intendente de la capital neuquina (1983) y dos veces gobernador de la provincia.
2.  “Pueden considerarse neoperonistas aquellas organizaciones cuyos dirigentes fundaron su legitimidad de origen en su pertenencia a la élite política del peronismo histórico (1945-55) y que, en las nuevas circunstancias, se plantearon deliberadamente competir con el líder exiliado mediante el empleo de dos recursos que a éste le eran vedados, a saber, su participación en la competencia electoral y en la distribución de los recursos institucionales del Estado” (Tcach, 1995:64). El término es un concepto flexible que permite colocar, por ejemplo, a partidos que no fueron fuerzas provinciales, como la Unión Popular. Recientemente algunos historiadores de la UNCo se encuentran realizando nuevos estudios sobre el concepto y la práctica del denominado neoperonismo, precisamente, para demostrar la inexistencia de un denominador común entre estas fuerzas en cada provincia (Arias Bucciarelli, 2011).
3.  Entendemos al concepto oligarquía como una forma o modo de ejercicio de la dominación política por un grupo minoritario perteneciente a clases sociales que detentan poder económico y social y que cuentan con características muy particulares, entre otras, base social angosta, reclutamiento cerrado, etc (Ansaldi, 1992:16). Antes bien, el origen de los dirigentes emepenistas y sus prácticas de reclutamiento, por lo menos al comienzo, fue amplio y de base popular.
4.  Los partidos provinciales de origen conservador fueron el último reducto del conservadurismo debilitado frente al avance del radicalismo en 1916, que sorprendió a esa corriente sin una organización nacional fuerte capaz de hacer frente a la nueva situación. Quedaron, de este modo, reducidos a pequeños partidos locales liderados por las antiguas familias. A partir ese momento, el ‘partido’ conservador sobrevivió en pocas provincias con una marcada naturaleza elitista.
5. En el surgimiento de estos partidos estuvo presente el peso del desarrollo y del retraso económico y social, un clivaje que alcanzó tanto a provincias del litoral como del interior, con realidades sociales diferentes entre si. En el caso del Bloquismo, el partido se constituyó como consecuencia de un conflicto entre los conservadores ante la llegada del Radicalismo a nivel nacional. Ver, entre otros, (Favaro; 1993-94: 287-304), (Bertoni, 1974:91-124).
6.  El término heterogéneo no se define por clivajes, sino por lo residual y engloba a todos los partidos provinciales que surgieron por motivos diversos, desde la consecuencia de una intervención militar como el agrupamiento de hombres desde diferentes élites partidarias, cuyo objetivo también fue la defensa de los intereses locales (Alonso García, 2007:4).