dossiers – historiapolitica.com https://historiapolitica.com El sitio web del Programa Interuniversitario de Historia Política Fri, 04 Sep 2026 19:10:23 +0000 en-US hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://historiapolitica.com/wp-content/uploads/2014/08/cropped-logo1-32x32.png dossiers – historiapolitica.com https://historiapolitica.com 32 32 Dossier: Conmemoraciones, monumentos y transformación urbana en la primera mitad del siglo XX. Algunas reflexiones sobre los centenarios de México, Argentina y Uruguay. https://historiapolitica.com/dossiers/dossier-conmemoraciones-monumentos-y-transformacion-urbana-en-la-primera-mitad-del-siglo-xx-algunas-reflexiones-sobre-los-centenarios-de-mexico-argentina-y-uruguay/ Tue, 01 Sep 2026 19:42:06 +0000 https://historiapolitica.com/?post_type=dossiers&p=5080

ISSN sección Dossier 2618-415x

Gabriela Couselo (IECH, CONICET – UNR)

Los bicentenarios en América Latina fueron un impulso notable para el análisis historiográfico sobre lo que había sucedido cien años antes. En este contexto emergió una multiplicidad de artículos, libros y publicaciones diversas que analizan las conmemoraciones centenarias incorporando entre sus preocupaciones la transformación urbana. Los casos seleccionados presentan algunas similitudes y varias diferencias que funcionan como disparadores para la reflexión.

México celebró su centenario en 1910, al cumplirse cien años del acontecimiento conocido como “el Grito de Dolores”, hecho protagonizado por el cura Hidalgo el 16 de septiembre. Con el paso del tiempo, y luego de la consagración del acontecimiento y su protagonista como los más destacados en la búsqueda de la Independencia de México, esta fecha se convirtió en la fiesta nacional más importante. Cabe aclarar que, si bien en 1910 todavía existían controversias respecto al héroe y la fecha, la urgencia de Porfirio Díaz por celebrar el centenario terminó inclinando la balanza a favor de Hidalgo y quedó relegado a un segundo lugar el reconocimiento a Iturbide y la entrada del Ejército Trigarante a la ciudad de México que había sucedido el 27 de septiembre de 1821.

Argentina también conmemoró su centenario en 1910, dado que en esa fecha se cumplía un siglo de la Revolución de Mayo. Este acontecimiento, aunque originado en la antigua capital del Virreinato del Río de la Plata, fue adquiriendo, no sin vaivenes, el estatus de cumpleaños de la patria. En ambos países, estos acontecimientos no marcaron el cierre de los procesos revolucionarios, sino que significaron el inicio de largos y sinuosos caminos de guerras civiles y disputas políticas hasta llegar a consolidarse como estados nación a fines del siglo XIX.

En Uruguay, si bien más adelante se buscó rescatar al año 1810 y la figura de Artigas, el centenario generó una disputa política entre dos fechas. Por un lado, el 25 de agosto de 1825, fecha de la declaratoria de la independencia nacional, estaba identificada con el partido blanco; mientras que el 18 de julio de 1830, día de la jura de la primera carta constitucional, fue apropiado por el partido colorado. Si bien existió un debate legislativo al respecto, lo interesante de este caso es que el centenario se transformó en un período de cinco años, iniciando con la publicación del álbum alusivoen 1925 y concluyendo con la inauguración del estadio Centenario en 1930.

Teniendo en cuenta los diálogos posibles sobre disputas de fechas, coincidencias de años de aniversario y rol de los gobiernos de aquel entonces, los textos seleccionados se centran en un aspecto particular de las conmemoraciones centenarias: el modo en que impactaron en el diseño de las ciudades, la arquitectura y la monumentalización. En los tres casos el rol del Estado fue fundamental, instrumentando estrategias que pretendían generar la sensación de que toda la ciudadanía participaba de la toma de decisiones respecto de lo que se quería conmemorar y del modo en que debía ser plasmado en el espacio público.

Antes de avanzar, resulta necesario sintetizar lo que entendemos por monumento en el contexto de los centenarios. Particularmente desde fines del siglo XIX y principios del siguiente, estos grupos escultóricos destinados al espacio público tuvieron como finalidad la construcción y consolidación de una identidad nacional que legitimara a estos nuevos estados. Se trataba de artefactos que pretendían traer al presente acontecimientos y personas seleccionadas como relevantes para estas comunidades en el pasado y que, en cierta medida, siguieran teniendo vigencia. Estos monumentos, entonces, se relacionaban con el pasado/origen de esas naciones, al mismo tiempo que embellecían las ciudades y creaban un espacio público para ser apropiado por los ciudadanos señalando sitios históricos y transformando otros en lugares de memoria.[1]

En este sentido, el contexto de los centenarios en México y Argentina fue particularmente prolífico en la estatuaria conmemorativa, ya que en ambos casos se buscó consolidar una imagen de nación que pudiera verse reflejada en el espacio público. Si bien, entonces, encontramos otro punto de contacto entre ambos países, lo cierto es que, mientras que México trató de reemplazar o integrar los monumentos de la época colonial con los de la nación, las ciudades argentinas eran prácticamente un lienzo en blanco que se presentaba como la oportunidad de instalar efemérides significativas en el calendario litúrgico nacional y próceres en el panteón de héroes.

El contexto del centenario de Uruguay difiere levemente de los anteriores, ya que desde la década de 1920 las preocupaciones en torno a las ciudades fueron mutando del higienismo y delineamiento de las calles, a aspiraciones más técnicas y científicas. De este modo, contemporáneo a los festejos del centenario se produjo una de las grandes innovaciones del período: la emergencia del urbanismo. Durante estos años se logró un consenso sobre la necesidad de una nueva disciplina que resultara superadora de las prácticas que se venían ensayando para solucionar los problemas de las ciudades. En este sentido, el urbanismo adoptó procedimientos analíticos y conceptuales de otros saberes ya legitimados –como la biología y la medicina– en su voluntad de constituirse como ciencia. En este marco, los planes reguladores, con los fundamentos científicos expresados en el expediente urbano, constituyeron la originalidad y la expresión de los problemas de la ciudad que proponían estos urbanistas.[2] 

El dossier, entonces, propone un acercamiento a los centenarios a partir de la reflexión sobre la transformación urbana pero sin dejar de revisitar las disputas historiográficas y las imágenes de nación que circularon en esos contextos. Nuestra sugerencia de lectura sigue el orden que presentamos a continuación.

El artículo de Fernando Diez funciona como introducción a los otros textos, ya que propone un recorrido histórico y conceptual sobre los modos en que la arquitectura, la escultura y el urbanismo afectaron e imaginaron la ciudad. A lo largo de su escrito, el autor recorre definiciones como alegoría y monumento desde la Antigüedad Clásica, proponiendo un recorrido por Buenos Aires para analizar las formas en que se habitó y organizó su espacio público desde el Centenario hasta el siglo XXI. Si bien la propuesta se centra en la capital de Argentina, los autores, conceptos y variables a los que recurre funcionan para pensar otras ciudades y otros momentos.

El texto de Tomás Pérez Vejo plantea la necesidad de repensar el modo en que la historia funcionó como mecanismo para exaltar la identidad nacional. En el caso mexicano, una y otra fueron parte de un debate entre las dos facciones políticas que se habían disputado el gobierno del país durante el siglo XIX: liberales y conservadores. Los festejos, que finalmente conciliaron ambas posturas, solo pueden entenderse como el modo en que Porfirio Díaz, sin prever en ningún momento que su final estaba próximo, propuso una versión de la historia y la nación mexicana que era tanto producto del pasado prehispánico como de la conquista. El autor propone un análisis de discursos pronunciados en actos y celebraciones, pero también en inauguraciones de monumentos, por lo que permite una primera introducción al modo en que, principalmente la ciudad de México, fue transformada por las obras del centenario.

Los artículos que siguen, de Ramona Pérez Bertruy y Verónica Zárate Toscano respectivamente, analizan con más detalle las obras del centenario de México. Pérez Bertruy aporta una síntesis de las intenciones de Porfirio Díaz en las obras proyectadas, recorriendo una enorme cantidad de inauguraciones, organizándolas según el área a la que iban dirigidas e identificándolas por su presencia e impacto en la prensa de la época. Por su parte, Zárate Toscano analiza la versión de la historia de México que realiza Vicente Riva Palacio y cómo se refleja en la monumentalización que se va a desplegar durante el centenario. Ambas autoras consultan numerosas y variadas fuentes, lo que aporta a sus trabajos un nivel de exhaustividad notable. Para destacar también del texto de Zárate Toscano es que la reflexión abarca a las obras en sí, los lugares de emplazamiento y los destinatarios de los homenajes, cerrando su texto con los cambios que se pueden observar a partir de la revolución de 1910.

Para el caso argentino, proponemos, en primer término, la lectura de la ponencia de Álvaro Fernández Bravo, un texto que no pierde su vigencia y vitalidad por la gran cantidad de variables que considera para comparar los cambios vivenciados por la Ciudad de Buenos Aires y Río de Janeiro durante las conmemoraciones centenarias en 1910 y 1922 respectivamente. En particular, nos interesa el modo en que incorpora la perspectiva de la historia de la cultura material e historiza el concepto de patrimonio. A lo largo del ensayo, el autor juega con la idea de museo aplicándola a diferentes niveles. Además de la existencia del museo en sí como el espacio destinado a la conservación del patrimonio, Fernández Bravo propone a los álbumes del centenario como “libros museo” y a las ciudades como museos destinados a la conservación de distintos objetos. Inclusive, al analizar los discursos de los intelectuales en contra del materialismo, califica al Diario de Gabriel Quiroga de Manuel Gálvez como un museo de Argentina en el que se exponen las diferentes regiones del país. Por último, se trata de un texto que enfatiza que tanto en Buenos Aires como en Río de Janeiro estas eran celebraciones del presente en la que el pasado funcionaba como legitimador, destacando también que en ambos países coincidió con el ocaso de los regímenes políticos vigentes en aquel entonces.

El texto de mi autoría es un capítulo de mi tesis doctoral sobre el Monumento Histórico Nacional a la Bandera ubicado en la ciudad de Rosario en el que me ocupo de analizar la propuesta que Lola Mora empezó a imaginar en los primeros años del siglo XX. Allí analizo el modo en que los festejos del centenario se vivenciaron en Rosario –una ciudad que no es la capital del país ni de su provincia– y los vaivenes que sufrió el proyecto de Lola Mora, abandonado definitivamente en 1925. Haciendo foco en un caso particular, entonces, reflexiono sobre el modo en que la Comisión Nacional del Centenario buscaba contagiar la euforia de los festejos a las provincias y ciudades alejadas de Buenos Aires, proponiendo conmemoraciones que ligaran el pasado de esos lugares con la historia de la nación. El capítulo cierra con la recuperación de los restos del monumento de la escultora tucumana, que fueron incorporados en la década de 1990 al paseo que une el actual monumento a la bandera con la plaza principal de la ciudad.

Para el caso de Uruguay, presentamos el texto de Ernesto Spósito, ya que resulta un buen punto de partida para entender el centenario uruguayo como un período que abarca los cinco años que van de 1925 a 1930, destacando que el comienzo y el final dan cuenta de una disputa por dos visiones del pasado nacional. Al mismo tiempo, el autor incorpora a la reflexión el batllismo y el modo en que instala la idea del Uruguay moderno que, en cierto sentido, sobrevive hasta la actualidad. De este modo, el centenario es una oportunidad para revisar los cambios urbanos que se observan en la década de 1920 hasta llegar a las discusiones sobre el plan regulador de Montevideo de 1931.

En relación a este plan, Lucio de Souza propone que funciona como el cierre del período de conmemoraciones, festejos e inauguraciones del centenario uruguayo. En su artículo, el autor retoma las lecturas tradicionales del plan: aquellas que lo ubican como un proyecto fallido del CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna) y las que se centran en la figura de Mauricio Cravotto, su autor. Lo interesante del texto es que, al mismo tiempo que ubica al plan en el contexto del desarrollo del urbanismo en Uruguay, reflexiona sobre la necesidad de modernizar Montevideo e incorpora las influencias que tuvo. De este modo, el urbanismo aparece como una disciplina joven, que surge justamente en esta década, que se complementa con el arte y la arquitectura en la puesta a punto de las ciudades en el marco del centenario.

El recorrido propuesto no pretende limitar las lecturas posibles sobre las transformaciones urbanas impulsadas durante los centenarios. De hecho, la intención es la contraria: que funcione como una invitación a la exploración y la lectura de la gran cantidad de producciones que circulan sobre estos temas. El pasado que decidimos recordar y el modo en que lo recordamos, por suerte, siguen siendo temas de interés para historiadores e historiadoras que encuentran nuevas fuentes e interrogantes a partir de los cuales analizarlos.

[1] Nora, Pierre (1984-1992), Les liux de mémorie, Paris, Gallimard.

[2] Rigotti, Ana María (2014). Las invenciones del urbanismo en Argentina 1900-1960: inestabilidad de sus representaciones científicas y dificultades para su profesionalización. Tesis de Doctorado, Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Datos de publicación on line: UNR Editora. Editorial de la Universidad Nacional de Rosario. Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño; A&P, 2014. E-Book. – (Tesis doctorales)

Textos seleccionados para el dossier:

Diez, Fernando (2021). Buenos Aires y la declinación de lo sagrado, Temas de la Academia, Academia Nacional de Bellas Artes, Argentina, abril 2021, pp. 31 a 41.

Pérez Vejo, Tomás (2010) El Centenario de 1910 y las polémicas sobre el pasado de la nación. En XIV Encuentro de Latinoamericanistas Españoles: congreso internacional. Universidade de Santiago de Compostela, Centro Interdisciplinario de Estudios Americanistas Gumersindo Busto; Consejo Español de Estudios Iberoamericanos, 2010. p. 453-466.

Pérez Bertruy, Ramona I (2010). Obras emblemáticas del Primer Centenario de la Independencia nacional. Boletín del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 2012, vol. 15, no 1-2, pp. 183-201.

Zárate Toscano, Verónica (2010). Los hitos de la memoria o los monumentos en el centenario de la independencia de México. Ópera imaginaria en una obertura y tres actos, Historia Mexicana, vol. LX, núm. 1, julio-septiembre, 2010, pp. 85-135.

Fernández Bravo, Álvaro (2004). Celebraciones centenarias: nacionalismo y cosmopolitismo en las conmemoraciones de la Independencia. Buenos Aires, 1910 – Río de Janeiro, 1922. II° Congreso Internacional de Literatura CELEHIS, Universidad Nacional de Mar del Plata.

Couselo, Gabriela (2023). “El monumento a la bandera de Lola Mora, del Centenario a la década de 1920”. Rosario y el Monumento Histórico Nacional a la Bandera. La ciudad y la representación del pasado nacional entre 1872 y 1957, Tesis de Doctorado, Universidad Nacional de Rosario, Argentina.

Spósito, Ernesto (2006). Centenario moderno. Apuntes: Revista de estudios sobre patrimonio cultural, 2006, vol. 19, no 2, pp. 274-283. 

De Souza, Lucio (2017). Revisita al Plan Regulador para Montevideo de 1930: Invenciones y redes en torno al advenimiento del urbanismo científico en Uruguay. Registros. Revista de Investigación Histórica13(2), 63-82.

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Dossier: Militancias femeninas en el movimiento de derechos humanos en clave local y regional https://historiapolitica.com/dossiers/dossier-militancias-femeninas-en-el-movimiento-de-derechos-humanos-en-clave-local-y-regional/ Tue, 26 May 2026 20:21:54 +0000 https://historiapolitica.com/?post_type=dossiers&p=5057 ISSN sección Dossier 2618-415x

Paula Zubillaga (UNPAZ/UNGS/CONICET)

María Emilia Nieto (IdIHCS/UNLP)

Las organizaciones de derechos humanos no vinculadas a partidos políticos comenzaron a
surgir en América Latina en los años sesenta. Con los años, las integradas mayoritariamente –
pero no de forma exclusiva- por familiares de afectados directos por la represión ilegal –
exiliadas/os, presas/os políticas/os, desaparecidas/os, asesinadas/os-, fueron creciendo y
ganando protagonismo. Dentro de las mismas, las mujeres tuvieron una participación
fundamental en lugares tan disímiles como México, Uruguay, Paraguay, Perú, Bolivia, Brasil,
Chile, Honduras, El Salvador y Guatemala.

En la Argentina, la represión desplegada durante la última dictadura (1976-1983), también
llevó a la conformación, en distintos puntos del país, de grupos de oposición y denuncia al
accionar terrorista del Estado, en los que las mujeres tuvieron un peso específico.
Ciertamente, el antecedente directo del movimiento que se conformó, lo constituyen las
comisiones de defensa de los presos políticos que se formaron en distintas localidades
durante la dictadura anterior (1966-1973), aunque las nuevas organizaciones se presentaron
con una identidad diferente, basada en la noción de derechos y se comprendieron a sí mismas
como un conjunto distinto a otros agentes sociales y políticos, más allá de la colaboración de
algunas agrupaciones políticas de izquierda en sus orígenes.

Desde los años ochenta hasta la actualidad, el movimiento de derechos humanos en la
Argentina ha sido objeto de numerosas investigaciones provenientes de distintas disciplinas
que han realizado diversos aportes para comprenderlo.

Algunos trabajos pioneros delimitaron el espectro de agrupaciones que integrarían el
movimiento, contribuyendo a formar lo que algunos autores denominan visión “canónica” o
“clásica”. Esa narrativa, predominante durante años, presentó a un sujeto social que tendría su
campo de acción “en Argentina”, estableció una división binaria entre “ocho organizaciones”
de “afectados directos” y de “no afectados”, y produjo una trasposición de lo que ocurrió en
Buenos Aires al conjunto del país, sin un sustento empírico.

Atendiendo a esta problemática, en los últimos veinte años, una serie de investigaciones
vienen reflejando la multiplicidad y diversidad de iniciativas, sujetos y prácticas del
movimiento de derechos humanos, con el fin de complejizar esa visión porteñocéntrica y
considerar de modo más completo, las diferentes experiencias históricas. Así, actualmente
contamos con una serie de contribuciones, algunas realizadas con mayor profundidad y
sistematicidad que otras, para pensar la historia del movimiento en La Plata, Mar del Plata,
La Pampa, Jujuy, Tucumán, Córdoba, Rosario, Santa Fe, Viedma-Carmen de Patagones, El
Bolsón, Neuquén y Alto Valle, entre otras.

Si bien existe una abundante y renovada producción, es indudable que, a la fecha, algunas
personalidades, organizaciones, períodos, geografías y dimensiones, han tenido una mayor
atención que otras por parte de las investigaciones académicas.

A su vez, desde los años ochenta un conjunto de trabajos inscriptos en el campo de la Historia
de las mujeres y los estudios de género, en diálogo con los estudios sobre el movimiento de
derechos humanos, analizaron la participación femenina, sobre todo a partir de la
conformación de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, contribuyendo a pensar las
particularidades de esta agencia.

Como destacaron estos estudios y a diferencia de otras narrativas que circulan, incluso entre
quienes utilizan la escala local como opción teórico-metodológica, la acción colectiva de las
mujeres, que han tenido un rol fundamental en el movimiento, no puede explicarse de manera
“lineal”, producto del “instinto” o “mandato” materno. La maternidad y las concepciones en
torno a ella no son “naturales”; son construcciones sociales que varían histórica y
culturalmente. Las respuestas que dieron las mujeres que integraron el movimiento de
derechos humanos -que no estaban vinculadas sólo por el lazo materno- a la desaparición de
personas es heterogénea. La organización colectiva en dictadura y luego, bajo gobiernos
democráticos, no fue “natural” ni “obvia”, sino un proceso histórico determinado.

De esta forma, este dossier busca recuperar contribuciones que han explorado la participación
femenina en el movimiento de derechos humanos poniendo atención a su desarrollo en
diferentes regiones del país. Estos trabajos exploran las particularidades de este activismo en
los diferentes escenarios, aportando a la construcción de una mirada de mayor rigurosidad
sobre el movimiento de derechos humanos de conjunto. En el caso de Madres y Abuelas de
Plaza de Mayo, reponen la conformación de sus diferentes agrupamientos y filiales, sus
vínculos con otras organizaciones políticas y de derechos humanos, locales y capitalinas.
Asimismo, las contribuciones aportan a la comprensión de la singularidad de la agencia
femenina, reponiendo su heterogeneidad, sus repertorios de acción, los sentidos de esas
militancias, tanto en aquellos casos en los que el activismo tiene como punto de partida el
lazo materno, como en aquellas otras militancias femeninas basadas en otro tipo de vínculos,
que han sido menos indagadas (es el caso de hermanas, tías, esposas de desaparecidos,
abogadas, etc.).

El dossier inicia con las contribuciones de Viano y Nieto, cuyos trabajos introducen matices a
una imagen predominante sobre las Madres de Plaza de Mayo: aquella que las presenta como
“amas de casa” que, sin trayectorias políticas previas, salieron “de la casa a la plaza”
impulsadas por la desaparición forzada de sus hijos/as. El artículo de la socióloga María
Emilia Nieto titulado “Las Madres de Plaza de Mayo de La Plata, Berisso y Ensenada:
espacio, trayectorias y primeras iniciativas”, reconstruye esos itinerarios, reponiendo sus
inicios en la militancia humanitaria y la influencia de lazos sociales, políticos y afectivos
preexistentes, así como saberes y prácticas propias de mujeres que, en la mayoría de los casos
analizados, contaban con experiencias de participación en el mundo público, social, político y
gremial. El trabajo también analiza las trayectorias de padres de desaparecidos de la región,
quienes junto a otras madres dieron origen a la APDH local. Asimismo, busca problematizar
el denominado Eje Buenos Aires-La Plata, para reponer las particularidades de la región de
La Plata, Berisso y Ensenada, y problematizar las relaciones de cercanía y distancia con los
agrupamientos de la ciudad de Buenos Aires.

La historiadora Cristina Viano estudia la participación de las mujeres en los movimientos
sociales en Argentina. En este dossier se incluye una contribución de 2008, “Mujeres y
movimientos sociales: un acercamiento a Madres de Plaza de Mayo desde una historia de
vida”, donde a través de la historia oral se reconstruye la trayectoria de Herminia Severini —
trabajadora, militante sindical y del Partido Comunista—, tensionando las miradas
generalizantes sobre las Madres de Plaza de Mayo. Del relato de Herminia emerge la
pregunta por la pertenencia de clase: una dimensión poco explorada en los estudios del
movimiento de derechos humanos. Si bien policlasista, el movimiento se sostuvo en gran
medida sobre los recursos —simbólicos y materiales— de sus integrantes de clases medias.
Esto facilitó una visibilidad que no alcanzaron los sectores populares afectados por la
represión, a la vez que marcó los debates internos sobre cómo interpretar lo sucedido.

Continuando este diálogo, el dossier incluye un trabajo de 2019 del historiador Luciano
Alonso, “Clases sociales y movilización pro derechos humanos en la historia Argentina
reciente”. El artículo repasa las trayectorias de algunas figuras emblemáticas de Madres de
Plaza de Mayo (Línea Fundadora) y Abuelas de Plaza de Mayo —entre ellas Taty Almeida,
María Adela Gard de Antokoletz y Marta Ocampo de Vásquez—, movilizadas en distintas
localidades como Buenos Aires, Santa Fe, Rosario y Jujuy. Alonso sostiene que la
adscripción de clase media de gran parte de sus integrantes proveyó recursos clave para la
formación y desarrollo del movimiento: capacidad de intervención en el espacio público,
habilidades comunicacionales, redes de relaciones, acceso a información internacional e
interlocución con organismos internacionales. La contrapartida fueron las limitaciones de
quienes no pudieron integrarse —por falta de contactos, tiempo o movilidad—,
especialmente en pueblos pequeños y áreas rurales, cuyas historias quedaron invisibilizadas.
Aspecto que aún requiere de mayores indagaciones.

Además de la dimensión de clase, no debe olvidarse la importancia que tuvo la cultura
católica, sobre todo en algunas localidades donde la misma ocupaba mayor centralidad. La
historiadora María Cecilia Azconegui desanda esta vacancia indagando el vínculo entre el
catolicismo y la sociedad neuquina en los años setenta y ochenta. En ese marco, ha realizado
contribuciones para pensar la participación de mujeres en el movimiento de derechos
humanos en Neuquén y Alto Valle. Hemos seleccionado un artículo del año 2021 titulado
“Catolicismo y derechos humanos en Neuquén, Argentina, 1981-1982. Las Madres y la
sacralización de su lucha”. Allí la autora analiza cómo el movimiento de derechos humanos
recurrió a prácticas religiosas, espacios y símbolos de lo sagrado, como parte central de sus
repertorios de acción. En lo que la autora interpreta como una innovación táctica, las mujeres
militantes, sobre todo las Madres de Plaza de Mayo Neuquén y Alto Valle, lograron legitimar
su demanda, al inscribirse en las representaciones católicas, desde la identidad de madre.

Con una escala similar y la mirada puesta en lo local, el historiador Rubén Kotler ha
estudiado el desarrollo del movimiento de derechos humanos en Tucumán. Hemos
seleccionado un artículo suyo del año 2008 denominado “Mujeres militantes en el
movimiento de Derechos Humanos de Argentina. El caso Tucumán”, donde señala que las
principales referentes de dicho movimiento han sido mujeres. Kotler trabaja aquí a partir del
testimonio de cuatro militantes: Sara Mrad, integrante de Madres; Josefina Centurión,
integrante de H.I.J.O.S; Laura Figueroa, de la Asociación de Abogados por los derechos
humanos; y Ángela Nassif, dirigente del Partido Comunista Revolucionario que se vinculó
con Madres y con la APDH, siendo una de sus “fundadoras”. Su trabajo echa luz sobre
militancias femeninas basadas en un lazo filial, pero también sobre mujeres que aportaron al
movimiento de derechos humanos a partir de filiaciones de carácter político y profesional.

Por su parte, Marianela Scocco hace lo propio en la ciudad de Rosario. De sus
contribuciones, hemos seleccionado el capítulo “Las filiales de Madres y Abuelas de Plaza de
Mayo y el MEDH”, de su último libro, dedicado a analizar la constitución de estos
agrupamientos y los diferentes repertorios de acción que desplegaron. Madres de Plaza de
Mayo comenzó a conformarse en Rosario hacia 1983 y se institucionalizó en 1985, al
escindirse de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. Como
reconstruye Scoco, la delegación rosarina de Madres desarrolló acciones con cierto grado de
autonomía y, en sus inicios, mantuvo vínculos con el PCR y con jóvenes, en su mayoría
mujeres, que conformaron su grupo de apoyo. Por su parte, la filial de Abuelas de Plaza de
Mayo, surgió en 1984 del seno de Familiares y la APDH local y mantuvo una gran estrechez
con las Madres rosarinas.

Otra de las contribuciones seleccionadas es la de Mónica Adriana Morales, quien
reconstruye la experiencia del movimiento de Derechos Humanos en La Pampa. Hemos
escogido, de su libro Género y Derechos Humanos en La Pampa contemporánea, publicado
en el 2022, el cuarto capítulo, titulado “No tengas miedo al ruido, solo hay que temer al
silencio”. El mismo aborda la experiencia femenina en la mesa ejecutiva del Movimiento
Popular Pampeano por los Derechos Humanos destacando que, desde sus inicios, fueron parte
de los grupos de denuncia, a pesar de la escasa representación en su Comisión Ejecutiva. Solo
una de ellas, Myriam Lucero, fue integrante de la misma: su trayectoria revela los vínculos
tempranos del movimiento con el ámbito académico y la centralidad que tuvo la creación del
Club Universitario en 1982. A la vez, el análisis de su testimonio permite dar cuenta de la
experiencia de otras mujeres que no se animaron a participar, y problematizar la idea del
“instinto materno” como explicación de la militancia de las mujeres. A diferencia de lo
ocurrido en otras regiones, muestra que el MPPDH decidió mantener su autonomía y no
convertirse en la filial de una organización nacida en la capital federal.

Finalmente, el trabajo de la historiadora Paula Zubillaga se titula “La Asociación Madres de
Plaza de Mayo y la constitución de filiales en los años ochenta” y explora la formación de
filiales de dicha Asociación en Alto Valle, Tucumán, La Rioja, Mar del Plata, Rosario y
Santa Fe. A partir de un trabajo exhaustivo de sistematización de bibliografía y de
documentación de la Asociación, analiza los motivos de su expansión hacia los años ochenta,
tanto en el caso de las filiales conformadas en dictadura, como en la posdictadura, cuando se
producen debates, conflictos y realineamientos al interior del movimiento de derechos
humanos. El análisis permite ver la diversidad de vínculos establecidos entre la Asociación y
sus filiales, prestando atención a la particularidad de los contextos locales que dieron lugar a
estas iniciativas.

Consideramos que los trabajos seleccionados aportan claves para pensar el cruce entre estas
temáticas específicas, el estudio de la conformación del movimiento de derechos humanos
atendiendo a sus particularidades regionales/locales, y el análisis de la participación
femenina, un rasgo que otorga singularidad a la constitución del mismo. Estas contribuciones
brindan aportes centrales, así como señalan aquellas zonas pendientes de indagación.


Textos seleccionados para el dossier:


Alonso, Luciano (2019). Clases sociales y movilización pro derechos humanos en la historia
reciente argentina. Diálogos, 3, Vol. 23, pp. 154-175.

Azconegui, María Cecilia (2021). Catolicismo y derechos humanos en Neuquén, Argentina,
1981-1982. Las madres y la sacralización de su lucha. Sociedad y Religión, 58, VOL XXXI,
pp. 1-27.

Kotler, Rubén Isidoro (2008). Mujeres militantes en el movimiento de Derechos Humanos de
Argentina. El caso Tucumán, Amnis, 8, pp. 1-10.

Morales, Mónica Adriana (2022). “No tengas miedo al ruido, solo hay que temer al silencio”.
La experiencia femenina en la mesa ejecutiva del Movimiento Popular Pampeano por los
Derechos Humanos. En Mónica Adriana Morales, Género y Derechos Humanos en La
Pampa contemporánea (pp. 69 a 75). Santa Rosa: EdUNLPam.

Nieto, María Emilia (2025). Las Madres de Plaza de Mayo de La Plata, Berisso y Ensenada:
espacio, trayectorias y primeras iniciativas. Aletheia, 16 (30), pp. 1-20.

Scocco, Marianela (2021). Las filiales de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y el MEDH.
En Marianela Scocco, Una historia en movimiento. Las luchas por los derechos humanos en
Rosario (1968-1985) (pp. 265-297). Los Polvorines: Universidad Nacional de General
Sarmiento; La Plata: Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias
de la Educación; Posadas: Universidad Nacional de Misiones.

Viano, Cristina (2008). Mujeres y movimientos sociales: un acercamiento a Madres de Plaza
de Mayo desde una historia de vida. En Gerardo Necoechea Gracia et.al., Historia
oral y militancia política en México y en Argentina (pp. 61-81). Buenos Aires: El
Colectivo/FFyL-UBA.

Zubillaga, Paula (2021). La Asociación Madres de Plaza de Mayo y la constitución de filiales
en los años ochenta. Sociohistórica (47), e120. pp. 1-19

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Dossier. Política exterior y diplomacia en el Río de la Plata en el siglo XIX https://historiapolitica.com/dossiers/dossier-politica-exterior-y-diplomacia-en-el-rio-de-la-plata-en-el-siglo-xix/ Sat, 15 Nov 2025 16:45:52 +0000 https://historiapolitica.com/?post_type=dossiers&p=5029 ISSN sección Dossier 2618-415x

Mariano Kloster

(Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales, CONICET/Universidad Nacional de

Mar del Plata)

Analizar la diplomacia rioplatense, brazo ejecutor de la política exterior decimonónica, conlleva abordar un tópico cuyos contornos historiográficos se encuentran actualmente en renovación. Los estudios especializados en la temática se desarrollan desde perspectivas variadas, algunas de las cuales buscaremos reflejar en la selección de trabajos que proponemos para el presente dossier. No obstante, antes de presentar dichas producciones, expondremos dos cuestiones que consideramos relevantes para una mejor comprensión de la propuesta.

Por un lado y, a modo de brevísimo racconto, el progreso de la actividad en esta región del mundo en el siglo XIX fue indudablemente notorio. Para inicios del mil ochocientos, el ámbito diplomático era reducido en el espacio del, por entonces, Virreinato del Río de la Plata. Esto cambió a partir de 1810: con la irrupción del proceso revolucionario sobrevendría la guerra, pero también la diplomacia. Como parte de la necesidad de reconocimiento internacional, los líderes de la Revolución de Mayo organizaron y a veces corporizaron misiones hacia distintos enclaves diplomáticos del hemisferio occidental. A su vez, este proceso se encadenaba con otro más general de modernización y valorización de la actividad, sobre todo luego del Congreso de Viena, en 1815. Desde el momento en que las nuevas entidades americanas proclamaron su independencia, surgió la necesidad de definir políticamente su relación con el resto del mundo. Este pendiente se extendería durante gran parte de la primera mitad del siglo XIX, permeando gran parte del quehacer diplomático de los estados en formación.[1] Con el correr de las décadas, la actividad fue ganando autonomía. La imagen de fines de siglo es la de un conjunto de estados nación consolidados, los que llevaban adelante lineamientos de política externa a través de cuerpos diplomáticos de distinta envergadura y organización y con características progresivamente definidas mediante reglamentos y prácticas.

En segundo lugar, resulta prudente destacar algunos factores que enmarcaron el desenvolvimiento de la diplomacia rioplatense a lo largo del siglo XIX. Para ello, debe necesariamente contemplarse la inexistencia de estados nación y la presencia de proyectos políticos diversos y de distinta durabilidad, al menos hasta el momento de construcción estatal efectiva. La profusión de propuestas políticas hasta bien entrada la segunda mitad del siglo explica en parte que, en el subcontinente latinoamericano, la política interna y exterior no contasen con límites precisos.[2] En este sentido, los agentes diplomáticos actuaron, por un lado, representando estructuras que les otorgaban instrucciones y credenciales diplomáticas, pero también interviniendo en la política de los destinos en los cuales se desempeñaban.

Emerge así un escenario complejo en donde otras perspectivas analíticas ganan peso para la mejor comprensión de las relaciones internacionales rioplatenses del siglo XIX. Por un lado, a través de la caracterización de los espacios excéntricos de dominación colonial como “regiones de frontera”, el historiador Edmundo Heredia propuso entender a estos territorios como zonas de conflicto entre Estados Nacionales.[3] Además, una segunda mirada impulsada por José Carlos Chiaramonte ha demostrado el carácter diplomático de los vínculos interprovinciales.[4] La provincia, entendida como unidad política por excelencia hasta las últimas décadas del siglo, se torna relevante para comprender mejor la dinámica diplomática.

En resumen, lo diplomático durante el siglo XIX en el Río de la Plata se enriquece observando perspectivas que no se circunscriban únicamente a lo nacional, sino que incorporen otros registros, como el global, el regional y el provincial. Bajo esta premisa, los trabajos reunidos en el presente dossier muestran diferentes estudios de la actividad diplomática y la política exterior a lo largo del siglo XIX. Esta selección es una muestra reducida que buscó dar cuenta de distintas propuestas analíticas sobre coyunturas y fenómenos diversos, inherentes al despliegue externo durante el mil ochocientos.

En primer lugar, el trabajo de Klaus Gallo es un capítulo de su libro precursor con respecto a la observación de la diplomacia rioplatense. El mismo repara en el vínculo con un actor externo de particular relevancia, como lo fue Gran Bretaña. Gallo muestra las formas en que el Río de la Plata resultó clave para el vínculo de la potencia europea con el resto de los factores de poder del Viejo Continente, debido a la posibilidad de reconocimiento diplomático. El autor pondera en las tratativas de ese reconocimiento, al que entiende como indispensable para el por entonces creciente intercambio comercial. Asimismo, visibiliza el interés de Gran Bretaña en reconocer a las Provincias como un único actor internacional. Además, la descripción de Gallo de la misión de Carlos María de Alvear en Londres, durante 1824, posibilita entender el quehacer de la diplomacia rioplatense durante las primeras décadas del siglo a través de un caso concreto, focalizando en los momentos previos al reconocimiento que llegaría, finalmente, en 1825.

La contribución de João Paulo Pimenta podría entenderse como una mirada complementaria a la de Gallo porque, indagando en el mismo período, se detiene en el escenario brasilero. Su análisis de las consecuencias en Brasil de la revolución constitucionalista portuguesa de Oporto, a comienzos de la década de 1820, se conforma como clave para la mejor comprensión del rápido desarrollo diplomático dentro del escenario iberoamericano en la economía mundial. En este sentido, destaca que la desvinculación del Río de la Plata de la monarquía española y la atomización política del territorio a partir de 1820 fueron sucesos que cobraban especial relevancia para Brasil, ofreciendo parámetros de actuación para hombres y mujeres desempeñando actividad diplomática. Por ejemplo, como paradigma positivo para algunos, pero negativo para otros, al observar el escenario de desorden en las Provincias Argentinas. Además, porque el imperio brasilero pretendió establecer sus fronteras territoriales valiéndose de una fórmula por entonces recientemente empleada en la América española: el uti possidetis juris.

Tomando cierta distancia de la diplomacia oficial, el artículo de mi autoría que me atrevo a incluir en esta selección forma parte de mi investigación doctoral. Este aporte se ocupa de un caso de quehacer diplomático informal en el Río de la Plata de las décadas de 1830 y 1840. Se interesa, específicamente, en el desempeño de Francisco Beláustegui como actor cercano al Ministerio de Relaciones Exteriores de la Confederación de Provincias Argentinas liderado por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas y por su ministro Felipe Arana —cuñado del mencionado Beláustegui. La pesquisa se centra en dos episodios. Por un lado, sus contactos permanentes con los ministros plenipotenciarios de la Confederación en el exterior en el marco de los bloqueos francés y anglo-francés. En segundo lugar, su intermediación en las tratativas entre la Confederación y los representantes de la Corona Española hacia fines de la década, con el fin de gestionar el reconocimiento diplomático y la instalación de una misión en Buenos Aires. Aunque no contaba con designación formal, su articulación con otros actores lo conformó en un personaje clave de la estructura que gestionaba la política externa de la Confederación.

El vínculo del Río de la Plata con otro actor de relevancia como lo fue España se encuentra ampliado y profundizado en la contribución de Marcela Ternavasio. La propuesta observa la dinámica de la relación con Madrid partiendo de la pluralidad de los “experimentos de reconocimiento” que, luego del fin de las batallas de 1824, continuaría en el terreno de las negociaciones, donde la emergente diplomacia ampliaba sus interlocutores y definía nuevos procedimientos. El recorrido de Ternavasio comienza en 1810 y visibiliza las redes transatlánticas que sirvieron de soporte para los contactos “oficiales y oficiosos” con la ex metrópoli. La diplomacia rioplatense operó el reconocimiento bajo diferentes factores condicionantes: el contexto legitimista de restauración monárquica, la experiencia guerrera revolucionaria, la consolidación de un umbral republicano y un escenario de atomización política y emergencia de provincias.

Ternavasio estudia la demora del establecimiento de relaciones formales con España e indaga en este sentido, observando una diplomacia dual durante la década de 1850 debido a la separación de la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires, situación que se resolvería con la firma del tratado internacional, en 1863. Este acuerdo formó parte de una proliferación de rúbricas que aconteció a partir de la década de 1860. El fenómeno tratadista es analizado en la contribución de Agustina Rayes, quien observó a través de las firmas de acuerdos, la inserción argentina durante la “Primera Globalización”. En su artículo, la autora muestra cómo, además de la diversificación de los vínculos económicos, existían otras intenciones extraeconómicas menos tangibles en la redacción y firma de tratados internacionales, tales como la reafirmación de la soberanía, el establecimiento de reglas que asegurasen la paz e inserción en el orden internacional, el efectivo control del territorio y los arreglos limítrofes. Aunque señala que no existe una correlación exacta entre estabilidad política y firma de tratados, muestra una “voluntad tratadista” que se intensifica a partir de 1852 y se acentúa aún más luego de la unificación nacional de 1860, coincidiendo con un clima internacional donde el librecambio y los tratados fueron vistos como herramientas para alcanzar la paz.

En concreto, Rayes sostiene lo conveniente de entender las gestiones y firmas de tratados internacionales en escala internacional pero también como faceta de la construcción del Estado Nación Argentino. La diplomacia dentro del contexto de formación estatal y construcción de identidades nacionales es también abordada, desde una perspectiva biográfica, por Paula Bruno. Observando el caso de Martín García Mérou, diplomático argentino del período de entre siglos, la autora señala el déficit de estudios acerca de la función diplomática desde el punto de vista de los actores y las prácticas. Marca, así, posibles caminos a explorar en cuanto a los perfiles de los diplomáticos a partir de los pedidos de García Mérou, quien exigía la ampliación de fondos, la reorganización del personal de legación, e instrucciones precisas a su gobierno. Su trabajo focaliza además en los relatos de Argentina construidos para su proyección en los espacios diplomáticos externos y en un marco de circulación de representaciones, por ejemplo, en eventos internacionales. Lejos de ser unificadas, las líneas propuestas eran variopintas. El aporte muestra los márgenes de autonomía para exponer una imagen del país con el que contaban los diplomáticos. Por otra parte, el recorrido biográfico de García Mérou le permite observar la actividad diplomática en clave panamericana y latinoamericana, alejándose de identidades estancas.

En resumen, la selección de trabajos se propone como una muestra del creciente interés historiográfico por la comprensión de la diplomacia rioplatense del siglo XIX. Las contribuciones buscan dar cuenta de la variedad de enfoques y objetos de estudio que forman parte de la actual transformación de la historia de las relaciones internacionales. Al calor de interrogantes políticos, económicos, sociales y culturales novedosos, lo diplomático recibe desde hace varios años un interés incremental que deriva en una agenda actual particularmente prolífica.


[1] Carmagnani, Marcello (2011). El otro Occidente. América Latina desde la invasión europea hasta la globalización.  México: Fondo de Cultura Económica,p. 20.

[2] Halperin Donghi, Tulio (2000). De la Revolución de independencia a la Confederación rosista. Buenos Aires: Paidós, p. 334.

[3] Heredia, Edmundo (2008). “Relaciones internacionales latinoamericanas: historiografías y teorías”. Estudios Ibero-americanos, v. XXXIV, Nro. 1, p. 18.

[4] Chiaramonte, José Carlos (1993). “El federalismo argentino en la primera mitad del siglo XIX”. En: Carmagnani, Marcello (coord.). Federalismos latinoamericanos: México, Brasil, Argentina. México. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, p. 118.

Textos citados y seleccionados para el dossier:

Gallo, Klaus (1994). Gran Bretaña y el reconocimiento del Río de la Plata. En Klaus Gallo, De la Invasión al Reconocimiento – Gran Bretaña y el Río de La Plata (1806-1826) (pp. 203-238). Buenos Aires, AZ Editora.

Pimenta, João Paulo (2017). Las independencias de América y Brasil. En Joao Pimenta, La Independencia de Brasil y la experiencia hispanoamericana (1808-1822) (pp. 307-397). Santiago: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana.

Ternavasio, Marcela (2021). Relaciones triangulares. De la revolución rioplatense al reconocimiento de la República Argentina. En Agustín Sánchez Andrés y Marco Antonio Landavazo (coords.), Conflicto y reconciliación. España y las naciones hispanoamericanas en el siglo XIX (pp. 435-460). Madrid: Instituto de Investigaciones Históricas. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo – Marcial Pons.

Kloster, Mariano (2025). La diplomacia informal durante el “sistema de Rosas”. El caso de Francisco Beláustegui (década de 1840). Anuario IEHS, 40 (1), pp. 95-114.

Rayes, Agustina (2023). Firmar para consolidar: los tratados de comercio durante la construcción del estado nacional argentino, 1852-1885. Almanack, 35, pp. 1-33.

Bruno, Paula (2020). Vida diplomática, funciones estatales e identidades en tensión en el giro del siglo XIX. Agenda de investigación, propuestas y uso de fuentes. Revista Electrónica de Fuentes y Archivos-Centro de Estudios Históricos “Prof. Carlos S. A. Segreti”, 11, pp. 67-86.

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Dossier. Historia pública e Historia digital transformando el arte de reconstruir el pasado https://historiapolitica.com/dossiers/dossier-historia-publica-e-historia-digital-transformando-el-arte-de-reconstruir-el-pasado/ Tue, 23 Sep 2025 16:21:56 +0000 https://historiapolitica.com/?post_type=dossiers&p=5010 ISSN sección Dossier 2618-415x

Ronen Man (UNR-ISHiR/CONICET).

Lucas Andrés Masán (UNICEN-CIEP/CONICET).

En el momento en que este dossier ve la luz, atravesamos un escenario especialmente desafiante para las instituciones del conocimiento. En nombre de una libertad interpretada de modo restringido, se despliegan dispositivos y transformaciones que erosionan los cimientos que han sostenido la vida intelectual, científica y cultural de nuestro país. Entre otras áreas, la ciencia, la educación, el arte, la salud pública, enfrentan embates, recortes y una creciente intromisión que ponen en jaque su continuidad y su sentido como faros en tiempos de incertidumbre. El desplazamiento de historiadores en cargos de dirección de Museos Nacionales, ilustra una tendencia más amplia donde lo que se disputa no es sólo la gestión de espacios culturales, sino el sentido mismo del pasado como bien común. En este contexto, una historia crítica que quiera dialogar y servir a la sociedad, debe pensarse urgentemente como una Historia Pública.

Hace más de un siglo, Johan Huizinga postuló que la historia es el marco intelectual en el que la humanidad reconoce y valora su pasado, un espacio donde los ecos del tiempo interactúan con la realidad presente.[1] Siguiendo ese legado, los campos de la historia pública y la historia digital han emergido en las últimas décadas como enfoques renovadores, revitalizando la producción, interpretación y difusión del conocimiento histórico. Mientras la historia pública busca democratizar el marco de interpretación del pasado, despojándolo de las exclusividades académicas para transformarlo en un terreno accesible y significativo para amplios conjuntos sociales, la historia digital amplía esta vocación al aprovechar las posibilidades y potencialidades de las nuevas tecnologías. Así, se abren caminos inéditos hacia la construcción de memorias colectivas, plurales y compartidas, que trascienden las fronteras tradicionales del saber histórico.

En los últimos años, los campos de la historia pública y de la historia digital han emergido como nuevas formas de abordar y difundir el conocimiento histórico. La historia pública busca socializar la producción de la historia, extendiéndola más allá de los límites académicos tradicionales y llegando a un público ampliado (Torres-Ayala, 2020). En tal sentido, constituye un horizonte de posibilidades y relaciones orientado a democratizar tanto la producción como la difusión del conocimiento histórico. Inspirada en un espíritu colaborativo y en la tradición de la historiografía británica de la “historia desde abajo” y “al ras del suelo” siguiendo el modelo de los History workshop de Rapahel Samuels y en la cercanía propuesta por la “local history” (Pons, 2020), esta perspectiva disciplinar busca tender puentes entre el rigor académico y las diversas sensibilidades ciudadanas, invitándolas a participar activamente en la construcción de narrativas históricas compartidas.

En su origen, la historia pública no sólo cuestiona la exclusividad de los relatos hegemónicos, sino que también propone un diálogo creativo y plural donde el pasado se reinventa en función de los valores, memorias y voces que habitan el presente. Con diversos formatos, que incluyen museos, guiones, sitios históricos, documentales, exposiciones, sitios web y redes sociales, la historia pública subraya la importancia de la colaboración entre historiadores, comunidades y otros profesionales para crear y compartir narrativas históricas (Cauvin, 2020). Esta “democratización” se ve impulsada por el reconocimiento de que la historia no es un relato único e inmutable, sino un conjunto de narrativas construidas colectivamente, que deben ser accesibles y relevantes para la sociedad en general (Torres-Ayala, 2020). No se trata sólo de comunicar la historia, sino también de involucrar al público en la construcción y la interpretación del pasado, fomentando la participación activa y enfatizando que el pasado estaría conformado por un tejido polifónico de memorias, valores y voces que interactúan con intereses del presente. La historia pública no sólo trabaja para los públicos sino también con ellos. Los públicos no son audiencias pasivas, sino que pueden convertirse en actores del propio proceso histórico.

La historia digital, por su parte, explora las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para la investigación, preservación y comunicación de la historia (Noiret, 2018). La digitalización de fuentes, la creación de archivos digitales colaborativos y la utilización de herramientas de análisis de datos, son solo algunas de las formas en que la historia digital está transformando la disciplina (de Oliveira Rovai, 2017). Las redes sociales, en particular, se han convertido en un espacio clave que permite a historiadores conectarse con un público más amplio, compartir fuentes primarias y fomentar el debate sobre el pasado (Noiret, 2015).

La convergencia entre la historia pública y la historia digital ha dado lugar a lo que se denomina la historia pública digital, un campo en constante transformación que pretende aprovechar el potencial de las nuevas tecnologías y las nuevas formas de comunicación para hacer que la historia sea más accesible, atractiva y relevante para un público diverso e interconectado. Un maridaje que, si bien busca la participación y la colaboración con el público, no se desentiende del rol del historiador/a, el cual sigue siendo fundamental para asegurar el rigor metodológico y la validez de las narrativas históricas (Pons, 2020; de Oliveira Rovai, 2017).

En síntesis, tanto la historia pública como la historia digital, están redefiniendo las formas en que entendemos, investigamos y difundimos el pasado. Desde la creación de narrativas históricas más inclusivas hasta la utilización de herramientas digitales innovadoras, estas perspectivas están abriendo nuevas vías para conectar lo pretérito con lo presente y construir una comprensión más democrática de nuestra historia compartida.

Este dossier se propone presentar una serie de textos señeros del movimiento de la historia pública y de la historia pública digital, traducidos en lengua española o escritos directamente en español, para mencionar a sus autores de referencia, instituciones que los engloban, países que están a la vanguardia de la tendencia y publicaciones que funcionan como vehículo de difusión. A su vez pretendemos analizar los desafíos y oportunidades que presenta la historia pública digital en el contexto del siglo XXI, su apuesta por formatos narrativos más inclusivos y por la adopción de herramientas digitales originales y disruptivas. Ambos campos están redefiniendo nuestra relación con el pasado, haciéndolo más plural y cercano a las necesidades del presente, como el reflejo de un contexto de cambio en nuestras maneras de preservar, investigar, interpretar, estudiar, divulgar, utilizar y consumir el pasado.

Originalmente nacida en los Estados Unidos en el contexto de crisis política, económica y postparadigmática de mediados de los años setenta del siglo XX, quienes se acercan por primera vez a la historia pública, se encontrarán con un campo ampliamente difundido en inglés, definido como “The Public History”. Se trata de un término anglosajón que, de manera amplia, enmarca las prácticas y los usos de la historia fuera del campo estrictamente académico. Uno de sus principales referentes de la Historia Pública fue el profesor Thomas Cauvin, para quien la “creación del historiador público fue una respuesta al aislamiento del historiador académico que se alejó del lugar de la sociedad histórica o la arena pública y convirtió la academia en el hábitat del historiador, que literalmente se retiró a la erudición” (Cauvin, 2018). A su vez, fue quien mejor ha planteado los postulados de la corriente y abogado por el proceso de su “internacionalización”, ampliando las originales fronteras anglófonas, para incorporar a otras latitudes en las cuales la Historia Pública se ha consolidado fuertemente en las últimas décadas como en los casos de Italia, España y también en América Latina en lugares como Brasil y Colombia (en parte reconocibles en la contribuciones de este dossier, que recupera autores de las mencionadas nacionalidades).

En 1978, se consolidó el “National Council on Public History” (NCPH, https://ncph.org/), que se convirtió en la principal plataforma de la tendencia. En ese mismo año de 1978 comenzó la publicación de la revista “The Public Historian” (https://online.ucpress.edu/tph), financiada por el NCPH. Un suceso que definió la consolidación del campo a nivel global fue la creación en 2010 de la “International Federation for Public History” (IFPH, https://ifph.hypotheses.org/), conformando una Red Internacional de historiadores e historiadoras que fueron adhiriendo al proyecto de una Historia Pública. El término fue popularizándose y llegó a Inglaterra y Australia, en donde se fortaleció e institucionalizó como un campo de estudio y de intervención histórica, de allí empezó a difundirse también en Europa, China y América Latina, es por ello que hoy se habla del proceso de “internacionalización de la historia pública” (Cauvin, 2020).

De todas formas, la definición de la historia pública crea tensiones. En el propio proceso de institucionalización, la conformación de la NCPH propuso definir a la Historia Pública como “un movimiento, una metodología y un enfoque que promueve el estudio y la práctica de la historia de una manera colaborativa; quienes se dedican a ella adoptan como misión hacer que sus visiones especiales resulten accesibles y útiles para el público” (https://ncph.org/what-is-public-history/about-the-field/). Al mismo tiempo, la historia pública exige una reevaluación general del papel de los historiadores profesionales. El desarrollo de la historia pública implica asimismo que los historiadores formados en el ámbito académico dialoguen en igualdad de condiciones con otros actores y que se pregunten cómo usan y consumen la historia los individuos, las comunidades, los grupos o colectivos, las instituciones, las agencias y los gobiernos. En vez de negar el papel de los historiadores -que comparten su autoridad-, la historia pública les ofrece nuevas oportunidades para atraer al público e interactuar con él.

Por ello, los historiadores no tienen por qué limitarse a impartir conferencias o clases magistrales a sus públicos y proporcionar verdades acerca del pasado, sino que estarían en condiciones de ir mucho más allá, trabajando en la construcción de espacios y proyectos basados en la cooperación donde todos los actores pueden aprender, poner en práctica y compartir destrezas para recoger, analizar, interpretar y divulgar la historia. Las posibilidades de construcción de un conocimiento histórico dialógico entre académicos y no académicos, que rompa con la lógica del historiador profesional como productor y el público como consumidor del saber histórico.

Uno de los rasgos distintivos de la Historia Pública es su vocación interdisciplinaria. En la práctica, el historiador público se ve obligado a dialogar con la sociología, la antropología, la museología, los estudios culturales y, más recientemente, con las tecnologías digitales. Esta apertura metodológica no responde a una moda teórica, sino a la necesidad de abordar problemas históricos desde múltiples ángulos y lenguajes (Noiret, 2018). La historia oral ha sido históricamente una de las herramientas más potentes para la práctica pública, ya que permite recuperar voces subalternas y construir archivos comunitarios. A esto se suman métodos participativos como los talleres colaborativos, los proyectos de historia local y las prácticas curatoriales en museos tanto tradicionales como digitales.

En las últimas dos décadas, la irrupción de las tecnologías digitales ha transformado radicalmente las posibilidades del campo. La digitalización de archivos, el uso de mapas interactivos, las narrativas hipermediales y la incorporación de inteligencia artificial en tareas de búsquedas, minerías de datos, visualizaciones y análisis están redefiniendo no solo los formatos de la historia, sino también a sus públicos. En este contexto, Noiret insiste en que el historiador debe adquirir una nueva alfabetización técnica, sin delegar completamente la mediación digital a otros profesionales (Noiret, 2015, 2018). La proliferación de tecnologías de la Web 2.0 ha permitido que los usuarios creen, editen y compartan contenidos fácilmente mediante el crowdsourcing (colaboración abierta distribuida) y los proyectos científicos ciudadanos. A través de los contenidos generados por usuarios, las instituciones culturales y otros proyectos de historia pública han desarrollado prácticas basadas en la colaboración donde los miembros del público pueden colgar y compartir documentos históricos, realizar aportaciones para investigar colecciones y tratar con fuentes primarias para interpretar el pasado.

Como Prometeo, que desafió los límites y brindó al ser humano el fuego para iluminar su camino, la historia pública digital nos invita a resignificar e imaginar el pasado, no como algo fijo y distante, sino como una llama viva que arde en el presente y se proyecta hacia el futuro. Se abre, con ello, todo un nuevo horizonte donde la historia no es sólo objeto de contemplación, sino también un acto colectivo de creación, comprensión y transformación.

Textos citados y seleccionados para el dossier:

Cauvin, Thomas (2018) “El auge de la historia pública: una perspectiva internacional”, en Historia Crítica, 1(68), 3-26, https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/hiscrit/article/view/4538/3923

Cauvin, Thomas (2020) “Campo nuevo, prácticas viejas: promesas y desafíos de la historia pública”, en Hispania Nova, nº 1 Extraordinario,  https://e-revistas.uc3m.es/index.php/HISPNOV/article/view/5365/3791

Noiret, Serge (2015) “Historia digital e historia pública”, en Juan A. Bresciano y Tiago Gil (eds.), La historiografía ante el giro digital: reflexiones teóricas y prácticas metodológicas. Montevideo, Ediciones Cruz del Sur, pp. 41-76.

Noiret, Serge (2018) “Trabajar con el pasado en internet: la historia pública digital y las narraciones de las redes sociales”, en Ayer, Vol. 110, n°2, https://www.revistasmarcialpons.es/revistaayer/article/download/trabajar-con-el-pasado-en-internet-la-historia-publica-digital-y/1389

Oliveira Rovai, Marta Gouveia de (2017) “Historia pública: la comunicación y la educación histórica”, en Hachetetepé. Revista científica de educación y comunicación, 14, https://www.redalyc.org/pdf/6837/683772562004.pdf

Pons, Anaclet (2020) “De la historia local a la historia pública: algún defecto y ciertas virtudes”, en Hispania Nova, nº 1 Extraordinario,https://e-revistas.uc3m.es/index.php/HISPNOV/article/view/5366/3792

Torres-Ayala, Daniela (2020) “Historia pública. Una apuesta para pensar y repensar el quehacer histórico”, en Historia y Sociedad, 38, https://www.redalyc.org/pdf/3803/380370404010.pdf


[1] Huizinga, Johan (2005) El otoño de la Edad Media, Madrid: Alianza.

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Dossier. Variaciones de lo político en el arte argentino entre 1990 y la crisis del 2001 (La Plata y CABA) https://historiapolitica.com/dossiers/dossier-variaciones-de-lo-politico-en-el-arte-argentino-entre-1990-y-la-crisis-del-2001-la-plata-y-caba/ Wed, 30 Jul 2025 19:09:48 +0000 https://historiapolitica.com/?post_type=dossiers&p=4970 ISSN sección Dossier 2618-415x

Verónica Capasso. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) – Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

El presente dossier reúne siete trabajos (cuatro artículos, un capítulo de libro y otro de tesis doctoral, una introducción a un catálogo de muestra de arte) que abordan diferentes aristas de lo político en el arte entre comienzos de la década de los 90 y el umbral de la crisis del 2001 en Argentina, periodo signado por la consolidación de un orden neoliberal y por profundas transformaciones sociales, económicas y culturales acaecidas tras la dictadura militar (1976-1983). Específicamente, el recorte espacial propuesto refiere a la ciudad de La Plata y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Esta focalización no implica en modo alguno una negación o subestimación de la relevancia de los vínculos entre arte y política en otras regiones del país durante el periodo reseñado. Más bien, la selección de las dos ciudades responde a varias cuestiones. En primer lugar, históricamente, ambas han sido centros neurálgicos de producción cultural, artística y política en la Argentina. Asimismo, la elección constituye una estrategia de acotamiento necesaria para profundizar en ciertos casos de estudio que permitan iluminar debates más amplios. Por último, el dossier busca aportar una perspectiva situada que, si bien centrada en La Plata y CABA, tiene como fin promover diálogos y comparaciones con otras realidades y así futuras investigaciones que amplíen el enfoque hacia otras geografías del país.


Los años noventa en Argentina, atravesados por el menemismo y el neoliberalismo, reaparecen en estos tiempos en que se despliega una ofensiva dirigida, entre otros, al ámbito artístico y a las instituciones que lo sostienen y promueven. En este contexto, el presente dossier se propone echar luz sobre las manifestaciones y también tensiones y debates que marcaron la década del 90 en torno al vínculo entre arte y política, con el objetivo de comprender sus variaciones, fluctuaciones y derivas. Al revisar críticamente aquel periodo (atravesado por la reforma del Estado y las privatizaciones de empresas estatales, la concentración de la riqueza, la creciente precariedad y exclusión social de vastos sectores sociales, la reconversión del aparato productivo nacional, entre otros múltiples reenvíos a la actualidad), se busca tejer un puente con el presente, no solo para identificar continuidades y rupturas, sino también para aportar herramientas que permitan pensar los desafíos actuales. Por último, si bien a simple vista pueda parecer que prevaleció la despolitización y el corrimiento de un compromiso político explicito, lo cierto es que muchas prácticas estético-artísticas fueron críticas con nuevos lenguajes, formas y temas: a partir del uso de materiales precarios o desde la apelación a la gráfica, de intervenciones en el espacio público, de referencia a temáticas de memoria (trabajos sobre los y las desaparecidos/as), identidad y sexualidad (de resistencia desde lo íntimo/personal), entre otros.


El dossier inicia con el texto de Rodrigo Alonso, publicado en el Catálogo de la muestra Ansia y devoción: imágenes del presente de la Fundación PROA. Aquí, el autor plantea los cambios en las formas de hacer y pensar el arte de los 90´ argentinos en un contexto signado por la expansión del neoliberalismo, brindando algunos elementos claves del debate sobre la práctica artística y su relación con el entorno sociocultural y político. De esta forma, la muestra Ansia y Devoción buscó evidenciar la constante preocupación de los/as artistas por el entorno en el que viven y trascender categorizaciones generacionales y estereotipos estéticos del momento, nominaciones como “arte político”, “nuevas tendencias”, “artistas políticos”. La muestra, que reunió artistas de diferentes generaciones, reconocidos/as o no, constó de dos núcleos temáticos: obras que abordaron las transformaciones socioculturales en el país y sus consecuencias y obras sobre los mitos populares, imágenes religiosas y formas de la pasión colectiva. Propuestas que apuntaron a reflexionar sobre la realidad argentina, a trascender limitaciones temporales, disciplinarias o estéticas y recurrir a la historia, los mitos y la memoria colectiva.


Desde otra óptica, poniendo el foco en definiciones de lo político-crítico en el arte, el capítulo de libro de Sara Migoya y Paola Sabrina Belén nos invita a pensar la dimensión política del arte de aquellos años en tanto que, en lugar de seguir los modelos clásicos del arte de denuncia explícito o contestatario, muchos artistas incorporaron lo cotidiano, lo íntimo, el lenguaje de la cultura popular y la precariedad material como formas de intervención crítica. Migoya y Belén discuten cómo estas prácticas fueron leídas, en su momento, como frívolas o despolitizadas, pero argumentan que, al contrario, propusieron un cambio en las coordenadas de lo político-crítico en el arte a partir denuevas formas de figuración, lógicas micropolíticas y afectivas y estéticas del goce y la belleza.


Con esta caracterización y los debates suscitados al respecto, el artículo de María de los Ángeles De Rueda recupera al Grupo Escombros, que, en La Plata, realizó diferentes proyectos de arte colaborativo durante los años 90, desde una poética atravesada por el neoliberalismo y sus visibles consecuencias. En su texto, la autora propone una semblanza sobre el archivo del colectivo, pionero en el ámbito local, mencionando algunos de sus señalamientos. En ellos se conjugaron acciones en el espacio público, múltiples dispositivos artísticos y micropolíticas vinculadas a la ruina, la pobreza y aspectos relacionados al ambiente (siendo precursores en este tema), con el fin de crear nuevos lazos entre lo artístico y lo no artístico.


Asimismo, la politicidad del arte en La Plata también tuvo lugar en las prácticas gráficas. Alicia Valente analiza, en un capítulo de su reciente tesis doctoral, las publicaciones periódicas editadas por el colectivo La Grieta entre 1993 y 2006: la revista homónima, La Grieta (1993-2004) y el periódico mural y folleto La Náusea (1997-2006). En tanto artefactos gráficos, se consideran sus características físicas y materiales, su carácter de espacio colectivo de discusión, las redes que establecieron y su vinculación con la coyuntura y territorio particulares. La primera “fue el primer dispositivo con el cual se propusieron pensar e intervenir una década y una ciudad que percibían anestesiada”, mientras que la segunda “nombra el hartazgo, el sentimiento de derrota política generalizado en la década del `90” pero también sus motivaciones.


Por otra parte, durante la década de los 90 se sucedieron diferentes reflexiones acerca del arte y la representación del pasado reciente (la dictadura cívico-militar de 1976). En ese sentido, en el trabajo en coautoría con Melina Jean Jean abordamos los primeros monumentos, memoriales y actos públicos de homenaje realizados en la Universidad Nacional de La Plata para recordar a sus desaparecidos y desaparecidas. Estas iniciativas surgieron en un contexto en el que aún no existían políticas públicas de memoria como las que se consolidarían a partir del cambio de siglo. Se trató de conmemoraciones impulsadas en torno al vigésimo aniversario del golpe de Estado, experiencias pioneras en las que arte, política y memoria comenzaron a entrelazarse de manera significativa en el espacio universitario, marcando un punto de partida en la construcción de narrativas y rituales de conmemoración.


Situándonos en los análisis de casos específicos de CABA, el artículo de Francisco Lemus recupera las relaciones estéticas y micropolíticas que presenta la emergencia del VIH/sida a partir de indagar en diferentes discursos y obras de arte. Según el autor, entre los primeros años de la vuelta de la democracia y el transcurso de la década del 90, la irrupción del VIH transformó las relaciones sociales y también el ámbito artístico. El artículo busca mostrar el anudamiento entre la política, la amistad y el sentimiento de un grupo reducido de personas cuya subjetividad se proyectó en los temas, las operaciones y los materiales de las obras y donde “lo personal adquirió una jerarquía inédita en la representación”.


Por último, Guadalupe Lucero examina las tensiones estético-políticas presentes en dos casos emblemáticos del arte argentino entre los 90 y la crisis del 2001: artistas nucleados en la galería del Centro Cultural Ricardo Rojas y la galería Belleza y Felicidad. La autora propone reinterpretar estas prácticas a través del debate filosófico contemporáneo sobre la noción de comunidad, sugiriendo que estas expresiones artísticas, lejos de ser apolíticas, articularon nuevas formas de comunidad y belleza que desafiaron las categorías tradicionales del arte comprometido. Este análisis invita a reconsiderar el papel del arte en la construcción de lo común y a reconocer la potencia política que puede residir en estéticas aparentemente lights o definidas desde lo trash,cursi o marginal.


En suma, los trabajos aquí reunidos ofrecen una mirada crítica y enriquecedora sobre algunas de las prácticas estético-artísticas argentinas en el período señalado y exploran diferentes articulaciones posibles entre arte, política, memoria, comunidad y subjetividad. Pero sobre todo proponen formas de habitar y construir lo común, dimensión que en la Argentina contemporánea es urgente volver a imaginar y recrear.

Textos seleccionados para el dossier:

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Dossier. El antiintelectualismo en discusión: intelectuales y nueva izquierda en el Cono Sur de los setenta https://historiapolitica.com/dossiers/dossier-el-antiintelectualismo-en-discusion-intelectuales-y-nueva-izquierda-en-el-cono-sur-de-los-setenta/ Fri, 23 May 2025 18:59:16 +0000 https://historiapolitica.com/?post_type=dossiers&p=4943 ISSN sección Dossier 2618-415x

Franco Morosoli. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad de la República (FHCE-Udelar)

El presente dossier reúne ocho trabajos que, desde la historia intelectual y política, abordan la relación entre intelectuales y organizaciones revolucionarias de la nueva izquierda conosureña durante la década del setenta. Su selección pretende poner en discusión algunos elementos centrales de la bibliografía clásica sobre el período, que ha caracterizado los inicios de los años setenta como el momento de clara hegemonía de posiciones “antiintelectualistas” a la interna del campo intelectual latinoamericano, el cual habría sido absorbido prácticamente en su totalidad por lógicas y demandas políticas que se habrían transformado en la única fuente dadora de sentido y legitimación de toda producción intelectual. Los trabajos de Beatriz Sarlo, Silvia Sigal, Óscar Terán y Claudia Gilman, aunque centrados en el análisis del campo intelectual argentino -a excepción de Gilman, quién plantea una visión continental-, se han constituido en obras pioneras y notablemente influyentes en el desarrollo de la nueva historia intelectual latinoamericana en estas últimas décadas.[1]

Aunque con evidentes matices internos entre sí, estos trabajos han aportado a consolidar una visión que ha caracterizado a la politización y radicalización de los intelectuales durante la década de los sesenta y, fundamentalmente a inicios de los setenta, como un proceso que derivó en la subordinación total de la cultura por la política, provocando la pérdida de especificidad y legitimidad de las prácticas intelectuales, así como también un empobrecimiento de la calidad cultural de esas producciones.

En este sentido, los artículos escogidos, aunque en muchos casos sin proponérselo como objetivos específicos, permiten matizar dichas afirmaciones, evidenciando continuidades y reformulaciones tanto en el proceso de producción intelectual, así como también en el relacionamiento entre intelectuales y organizaciones revolucionarias. La selección pretende también trascender el caso argentino, utilizando experiencias de intelectuales vinculados a organizaciones de la nueva izquierda en Uruguay y Chile, ilustrando similitudes entre procesos contemporáneos que, a pesar de diferencias específicas fruto de las condiciones políticas, sociales y económicas nacionales, mantuvieron claros elementos en común.

Para el caso argentino, los trabajos seleccionados representan modalidades diversas de actividad cultural durante la década del setenta, pertenecientes también a espacios político-ideológicos diferentes. El artículo de Lorena Verzero analiza la emergencia del teatro militante luego del Cordobazo en 1969, específicamente a través del estudio del grupo teatral cordobés Libre Teatro Libre (LTL), el cual desarrolló una intensa actividad cultural y estuvo vinculado al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), hasta su salida del país en 1975 debido a la intensificación de las amenazas y la represión estatal y paraestatal. El capítulo de Nicolás Dip estudia los diagnósticos de crisis que sectores del peronismo de izquierda universitario realizaron sobre la situación de la Universidad de Buenos Aires durante los años 1972 y 1973, y también repasa los proyectos de transformación universitaria que éstos esbozaron para impulsar una “reconstrucción nacional”.  El artículo de Adrián Celentano analiza la experiencia de la revista Los Libros, dirigida desde 1972 por intelectuales vinculados a organizaciones maoístas, la cual a pesar de su fuerte radicalidad y posición en favor de la lucha armada, continuó con su producción cultural reivindicando el trabajo intelectual y su autonomía relativa.

En el caso uruguayo, los artículos seleccionados evidencian un momento de efervescencia cultural en el contexto de surgimiento del Frente Amplio en 1971, y también de intelectuales que compaginaron su actividad cultural con su vinculación al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T). El artículo de Mariana Villaça estudia el desarrollo de la Cinemateca del Tercer Mundo (C3M), colectivo de cineastas militantes que desarrollaron una importante actividad cinematográfica y que, además, se encontraban vinculados al MLN-T a través de su frente legal, el Movimiento de Independientes 26 de Marzo. También vinculada a esta organización de la nueva izquierda uruguaya, el capítulo realizado por Elisa Pérez Buchelli estudia la trayectoria de la artista Teresa Trujillo quién, entre otras experiencias artísticas analizadas por la autora, integró el elenco del Teatro de la Banda Oriental, el cual se encontraba inserto en la estructura de la Agrupación de Trabajo Cultural, perteneciente al MI 26 de Marzo y por ende, también vinculada al recién creado Frente Amplio.

En última instancia, el caso chileno inicia con el capítulo de Aldo Marchesi, que sitúa al país trasandino como uno de los centros político-intelectuales más importantes del Cono Sur debido a su importante posición como sede de intercambios académicos y refugio de militantes políticos exiliados por el aumento de la represión en sus países de origen. En este sentido, el capítulo muestra desde una dimensión transnacional la estrecha relación entre compromiso político y renovación académica existente desde fines de los sesenta y durante el gobierno de Salvador Allende (1970-1973). En segundo lugar, el capítulo de Ivette Lozoya realiza un repaso general de la relación entre intelectuales y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), abordando sobre el final a aquellos jóvenes intelectuales que se vincularon a la organización mientras se insertaban en el campo académico y desarrollaban intensas agendas de investigación y debates en distintos centros de estudio a lo largo del país. Por último, el artículo de Laura Briceño analiza las propuestas de política cultural realizadas por un heterogéneo grupo de escritores vinculados a diferentes organizaciones que integraban el gobierno de la Unidad Popular y que, sin apartarse de su actividad intelectual, difirieron en su concepción sobre cuál debería ser el rol de los intelectuales en la construcción de la política cultural durante el gobierno encabezado por Allende.

En síntesis, con una escala regional, los artículos aquí reunidos ilustran un proceso de politización y radicalización común que proporcionó una densa actividad cultural en el marco de una compleja relación entre organizaciones e intelectuales. Además, es importante destacar que las experiencias analizadas comparten otro elemento: su desarticulación se produjo debido al aumento del accionar represivo y el advenimiento de las dictaduras militares en el Cono Sur entre 1973 y 1976.

Su puesta en diálogo no sólo permite mapear las diferentes experiencias intelectuales vinculadas a las organizaciones de la nueva izquierda en el Cono Sur, sino que, además, enriquece el debate sobre el rol de los intelectuales, la cultura y su relación con la política, en el contexto de un momento histórico especialmente convulso y radicalizado.

Textos seleccionados para el dossier:

Briceño, Laura (2020). Escritores intelectuales y la política cultural en el gobierno de Salvador Allende. Izquierdas. 49, pp. 292-311.

Celentano, Adrián (2016). La crisis universitaria en América Latina y la latinoamericanización de la revista Los Libros (1969-1976). Izquierdas (31), pp. 172-193.

Dip, Nicolás (2017). Libros y alpargatas. La peronización de estudiantes, docentes e intelectuales de la UBA (1966-1974). Rosario: Prohistoria. Capítulo IV: Un proyecto para la universidad. De la revista Envido a la JUP y ADUP (1972-1973). (pp. 133-161)

Loyoza López, Ivette (2020). Intelectuales y revolución. Científicos sociales latinoamericanos en el MIR chileno (1965-1973). Santiago de Chile: Ariadna Ediciones. Capítulo IV: Intelectuales chilenos en el MIR: fundadores y jóvenes académicos. (pp. 193-267).

Marchesi, Aldo (2019). Hacer la revolución. Guerrillas latinoamericanas de los años sesenta a la caída del Muro. Buenos Aires: Siglo XXI. Capítulo 3: Dependencia o lucha armada. Intelectuales y militantes conosureños cuestionan el camino legal al socialismo. Santiago de Chile 1970-1973. (pp. 105-150).

Pérez Buchelli, Elisa (2019). Arte y política. Mujeres artistas y artes de acción en los sesenta y setenta. Montevideo: Yaugurú. Capítulo 3 (pp. 143-216).

Verzero, Lorena (2019). Estetizar los cuerpos activados: teatro y militancia en torno al Cordobazo. Aletheia. 9 (18), pp. 1-12.

Villaça, Mariana (2012). El cine y el avance autoritario en Uruguay. El “combativismo” de la Cinemateca del Tercer Mundo (1969-1973). Contemporánea. 3 (12), pp. 243-264.


[1] Sarlo, B. (1985). “Intelectuales: ¿escisión o mímesis?”. Punto de Vista, Vol. 2, N°25: 1-6; Sarlo, B. (2001). La batalla de las ideas (1943-1973). Ariel: Buenos Aires
Sigal, S. (1991). Intelectuales y poder en la década del sesenta. Buenos Aires: Puntosur; Terán, Ó. (1991). Nuestros años sesenta. Buenos Aires: Puntosur; Gilman, C. (2003). Entre la pluma y el fusil. Buenos Aires: Siglo XXI.

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